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Año:
2009, Número:9-10

n
el editorial del último número de la
publicación Con-Ciencia Social, que se
reseña en este mismo número de Pliegos de
Yuste, puede leerse que «la ciudadanía se
adquiere en el ejercicio de la vida en
sociedad, pero, asimismo, constituye un
objetivo de la educación»2. Porque
consideramos que eso es cierto en sus dos
vertientes, esto es, en la eminentemente
práctica de la vida en común y en la
vertiente teórica que implica el proceso
educativo, la Fundación Academia Europea de
Yuste ha querido dedicar este volumen de su
revista Pliegos de Yuste al importante y
difícil tema de la ciudadanía europea.
Precisamente desde la perspectiva de la
educación se abordan algunos de los
planteamientos desarrollados por los autores
que colaboran en este número 9 de Pliegos de
Yuste. Por ejemplo Alfonso Diestro, que
analiza la cooperación en materia educativa,
o Raimundo Cuesta, para quien «la educación
histórica que mira al futuro, la historia
del presente que reclamamos, nos ayuda a
soñar y a edificar esa ciudadanía deseable a
la que aspiramos en la que los Estados
nacionales ceden progresivamente sus
atribuciones y funciones a los nuevos
agentes civiles de una democracia de nuevo
tipo». Félix Duque, en la entrevista sin
desperdicio alguno ya citada, manifiesta no
creer en que se pueda educar a nadie para
ser ciudadano «de tal o cual sitio», aunque
señala que «uno, desde luego, puede llegar a
ser de veras ciudadano si es capaz de
admitir al pagano (el inmigrante de otra
etnia o religión), dejando manifestarse a la
vez al pagano oculto que sigue alentando en
él».
Pone así el
dedo en la llaga el filósofo en uno de los
aspectos esenciales del concepto de
ciudadanía, como es su vertiente social y no
sólo política. El jesuita Alberto Ares,
desde la experiencia con los inmigrantes a
través de la Red Íncola, despliega para los
lectores las respuestas sociales ante la
demanda ejercida por el tema de la
inmigración y respondiendo afirmativamente a
la pregunta de Alain Touraine acerca de si
seremos capaces de vivir juntos conciliando
unidad y diversidad, universalidad y
diferencia, apuesta en la que la unión
Europea se juega buena parte de su esencia.
En la misma línea reflexiona también, más
literariamente pero refiriéndose también a
una realidad sociointelectual en Europa, el
escritor Joaquín Guerrero-Casasola. Se trata
de un tema esencial sobre el que nuestro
académico Todorov mucho nos ha enseñado,por
ejemplo el referirse a su peripecia
intelectual3. Junto a ellos, Teresa Freixas
y Eva-Maria Poptcheva, Carlos Rodríguez,
Daniel Esenmenger y Ana Isabel Martins
abordan diferentes aspectos de la ciudadanía
europea de notable interés.
En cualquier
caso,si dedicamos un número de esta revista
preocupada por el devenir de una Europa
unida al tema de la ciudadanía no es sólo
por la importancia que conlleva el asunto.
También lo es por las dificultades con las
que el tema se encuentra (véanse las
opiniones recogidas por Lieven Taillie en su
artículo) a la hora de convertirse no ya en
una actitud adoptada por la totalidad de los
ciudadanos sino, fundamentalmente, en una
realidad admitida por aquella parte
porcentualmente mayor de ellos, de lo que
común y retóricamente se denomina «la
ciudadanía», esto es, los que no son
políticos aunque se vean afectados por las
decisiones políticas. De ahí que resulte del
todo necesario, por ello, y utilizando las
palabras de Susana del Río en su texto en
este volumen, «desdoblar la democracia
europea», es decir, «complementar la
democracia representativa con un ejercicio
participativo». Qué duda cabe que, de este
modo, podrá salvarse en cierta medida el
déficit democrático al que también se
refiere Abram de Swaan desde la sección
«Columna de Yuste».
En este
sentido, querámoslo o no, la unión Europea
está —y ojalá que lo siga estando siempre—
constituida por minorías mediante cuyo
ejercicio de sus derechos es como realmente
la unión Europea se constituye día a día en
el conglomerado territorial democrático más
importante que hay en el planeta. No sólo
eso sino que, desde los fundadores de la
unión Europea, hace ya medio siglo, hasta
los más tibios europeístas de hoy en día,
nadie rechaza que esa es no sólo la mejor
herencia de Europa al resto del mundo, sino
la principal responsabilidad y el papel que
los europeos debemos llevar a cabo ante el
resto de estados y naciones en el siglo xxi.
Es en esta amalgama de colectivos y
asociaciones, ya regidas por afinidades o
intereses del tipo que sea, donde se produce
el verdadero caldo de cultivo de todo avance
democrático. Como pusiese Ibsen en boca de
su personaje el Doctor Stockmann (hasta el
nombre resultaba significativo): «El enemigo
más peligroso de la razón y de la libertad
es… la mayoría compacta»4.
El lirismo cálido de las intuiciones de
Clara Janés y la lucidez atrevida de Félix
Duque delimitan este conjunto de reflexiones
sobre la Europa de los ciudadanos que
presenta Pliegos de Yuste en este número.
Podríamos decir que entre ambos extremos se
hallan, igualmente, las pulsiones del
europeísmo desde sus inicios, y a cuya
conjunción debemos innegablemente el avance
hasta el punto en que nos encontramos.
Sentir Europa como una realidad deberá
conjugarse, en todo momento y paralelamente,
con el hecho de participar de su
construcción cada día con nuestras críticas,
positivas o no, que siempre contribuirán a
mantenerla en tanto que realidad en
permanente diálogo con aquellos a los que
afecta su devenir. Porque si en algo
estaremos todos de acuerdo, ya actuemos como
europeístas convencidos o ciudadanos
indiferentes, será al menos en la idea de
que en el panorama geopolítico actual pocas
fórmulas resultan a priori tan inteligentes
y viables como la de la Europa unida. Y
ello, a pesar de todas las deficiencias de
que aún pueda adolecer dicha unión. Sentir y
participar en una unión Europea fuerte y de
todos puede ser una buena manera de encarar
el futuro.
NOTAS
1 Jean MonnEt (1976),
Memorias. Madrid: Siglo xxi, 1985, p. 512.
2 Editorial. «De la calidad
de la enseñanza y otros embelecos»,
Con-Ciencia Social, 12, 2008, p. 11.
3 Tzvetan todoroV (1996), El
hombre desplazado. Madrid: Taurus, 2008.
4 Henrik ibsEn (1882), Un
enemigo del pueblo. Madrid: Funambulista,
2007, p. 125.
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