::Pliegos de Yuste: Revista de cultura y pensamiento europeos::

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I SSN: 1697-0152 | Fundación Academia Europea de Yuste|

 


Año: 2009, Número:9-10

n el editorial del último número de la publicación Con-Ciencia Social, que se reseña en este mismo número de Pliegos de Yuste, puede leerse que «la ciudadanía se adquiere en el ejercicio de la vida en sociedad, pero, asimismo, constituye un objetivo de la educación»2. Porque consideramos que eso es cierto en sus dos vertientes, esto es, en la eminentemente práctica de la vida en común y en la vertiente teórica que implica el proceso educativo, la Fundación Academia Europea de Yuste ha querido dedicar este volumen de su revista Pliegos de Yuste al importante y difícil tema de la ciudadanía europea. Precisamente desde la perspectiva de la educación se abordan algunos de los planteamientos desarrollados por los autores que colaboran en este número 9 de Pliegos de Yuste. Por ejemplo Alfonso Diestro, que analiza la cooperación en materia educativa, o Raimundo Cuesta, para quien «la educación histórica que mira al futuro, la historia del presente que reclamamos, nos ayuda a soñar y a edificar esa ciudadanía deseable a la que aspiramos en la que los Estados nacionales ceden progresivamente sus atribuciones y funciones a los nuevos agentes civiles de una democracia de nuevo tipo». Félix Duque, en la entrevista sin desperdicio alguno ya citada, manifiesta no creer en que se pueda educar a nadie para ser ciudadano «de tal o cual sitio», aunque señala que «uno, desde luego, puede llegar a ser de veras ciudadano si es capaz de admitir al pagano (el inmigrante de otra etnia o religión), dejando manifestarse a la vez al pagano oculto que sigue alentando en él».

Pone así el dedo en la llaga el filósofo en uno de los aspectos esenciales del concepto de ciudadanía, como es su vertiente social y no sólo política. El jesuita Alberto Ares, desde la experiencia con los inmigrantes a través de la Red Íncola, despliega para los lectores las respuestas sociales ante la demanda ejercida por el tema de la inmigración y respondiendo afirmativamente a la pregunta de Alain Touraine acerca de si seremos capaces de vivir juntos conciliando unidad y diversidad, universalidad y diferencia, apuesta en la que la unión Europea se juega buena parte de su esencia. En la misma línea reflexiona también, más literariamente pero refiriéndose también a una realidad sociointelectual en Europa, el escritor Joaquín Guerrero-Casasola. Se trata de un tema esencial sobre el que nuestro académico Todorov mucho nos ha enseñado,por ejemplo el referirse a su peripecia intelectual3. Junto a ellos, Teresa Freixas y Eva-Maria Poptcheva, Carlos Rodríguez, Daniel Esenmenger y Ana Isabel Martins abordan diferentes aspectos de la ciudadanía europea de notable interés.

En cualquier caso,si dedicamos un número de esta revista preocupada por el devenir de una Europa unida al tema de la ciudadanía no es sólo por la importancia que conlleva el asunto. También lo es por las dificultades con las que el tema se encuentra (véanse las opiniones recogidas por Lieven Taillie en su artículo) a la hora de convertirse no ya en una actitud adoptada por la totalidad de los ciudadanos sino, fundamentalmente, en una realidad admitida por aquella parte porcentualmente mayor de ellos, de lo que común y retóricamente se denomina «la ciudadanía», esto es, los que no son políticos aunque se vean afectados por las decisiones políticas. De ahí que resulte del todo necesario, por ello, y utilizando las palabras de Susana del Río en su texto en este volumen, «desdoblar la democracia europea», es decir, «complementar la democracia representativa con un ejercicio participativo». Qué duda cabe que, de este modo, podrá salvarse en cierta medida el déficit democrático al que también se refiere Abram de Swaan desde la sección «Columna de Yuste».

En este sentido, querámoslo o no, la unión Europea está —y ojalá que lo siga estando siempre— constituida por minorías mediante cuyo ejercicio de sus derechos es como realmente la unión Europea se constituye día a día en el conglomerado territorial democrático más importante que hay en el planeta. No sólo eso sino que, desde los fundadores de la unión Europea, hace ya medio siglo, hasta los más tibios europeístas de hoy en día, nadie rechaza que esa es no sólo la mejor herencia de Europa al resto del mundo, sino la principal responsabilidad y el papel que los europeos debemos llevar a cabo ante el resto de estados y naciones en el siglo xxi. Es en esta amalgama de colectivos y asociaciones, ya regidas por afinidades o intereses del tipo que sea, donde se produce el verdadero caldo de cultivo de todo avance democrático. Como pusiese Ibsen en boca de su personaje el Doctor Stockmann (hasta el nombre resultaba significativo): «El enemigo más peligroso de la razón y de la libertad es… la mayoría compacta»4.

        El lirismo cálido de las intuiciones de Clara Janés y la lucidez atrevida de Félix Duque delimitan este conjunto de reflexiones sobre la Europa de los ciudadanos que presenta Pliegos de Yuste en este número. Podríamos decir que entre ambos extremos se hallan, igualmente, las pulsiones del europeísmo desde sus inicios, y a cuya conjunción debemos innegablemente el avance hasta el punto en que nos encontramos. Sentir Europa como una realidad deberá conjugarse, en todo momento y paralelamente, con el hecho de participar de su construcción cada día con nuestras críticas, positivas o no, que siempre contribuirán a mantenerla en tanto que realidad en permanente diálogo con aquellos a los que afecta su devenir. Porque si en algo estaremos todos de acuerdo, ya actuemos como europeístas convencidos o ciudadanos indiferentes, será al menos en la idea de que en el panorama geopolítico actual pocas fórmulas resultan a priori tan inteligentes y viables como la de la Europa unida. Y ello, a pesar de todas las deficiencias de que aún pueda adolecer dicha unión. Sentir y participar en una unión Europea fuerte y de todos puede ser una buena manera de encarar el futuro.

NOTAS

1 Jean MonnEt (1976), Memorias. Madrid: Siglo xxi, 1985, p. 512.

2 Editorial. «De la calidad de la enseñanza y otros embelecos», Con-Ciencia Social, 12, 2008, p. 11.

3 Tzvetan todoroV (1996), El hombre desplazado. Madrid: Taurus, 2008.

4 Henrik ibsEn (1882), Un enemigo del pueblo. Madrid: Funambulista, 2007, p. 125.

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