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Año:
2008, Número:7-8 Comunicación
HACIA UNA COMUNICACIÓN
EUROPEA DESCENTRALIZADA: EL PAPEL DE LAS
REGIONES
José María Cruz
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Durante las dos últimas décadas, con
motivo de la ratificación de los distintos
tratados comunitarios, los europeos han sido
consultados en diferentes ocasiones sobre
las reformas y avances de la Unión. Y en
todas esas consultas algún grupo de
ciudadanos se ha mostrado contrario a
aquello que proponían las instituciones
europeas1. Tal ha sido la
insistencia popular por no mostrarse
unánimemente de acuerdo con el status quo
consensuado por sus gobernantes, que
desde hace una quincena de años, y
especialmente tras la negativa de franceses
y holandeses a ratificar el Tratado por
el que se establece una Constitución para
Europa, la Unión Europea se afana por
encontrar las causas y dar una respuesta
definitiva a esta situación, centrando su
atención especialmente en la estrategia de
información y comunicación política de sus
instituciones, sometida a numeroso análisis,
distintas reformas y un sinfín de críticas.
Tal es así, que pudiera parecer que
el interés institucional por informar sobre
la construcción europea, y la crítica —bien
entendida como examen público, bien
como reprobación— a la manera de
llevar a cabo la labor informativa, son
fenómenos recientes, surgidos a partir de
los referendos de los noventa y
principios del siglo XX, cuando en realidad
son prácticamente tan antiguos como el mismo
proyecto comunitario. Sirva de ejemplo que
Jacques Rabier, precursor de la estrategia
de información de lo que hoy es la Comisión
Europea, se suma a la aventura común
en 1953, apenas semanas después del
nacimiento de la primera de las comunidades.
Y cuenta precisamente Rabier, a modo de
anécdota, que por promover en las primeras
décadas de la construcción comunitaria el
debate entre los jóvenes en torno al
proyecto común, es objeto de reproches por
parte de algunos comisarios, que esgrimen
que abrir la reflexión sobre Europa no hace
sino alimentar la crítica contra la
construcción europea. Sin embargo, la
reflexión sobre la Unión y la crítica a sus
instituciones e iniciativas no deben
entenderse desde una óptica negativa, sino
que cabe considerarlas, tal y como señala
Rabier, «como un factor de integración»2.
Así, si extrapolamos esta reflexión
al campo de la información y la
comunicación, se puede afirmar que la
existencia de corrientes de análisis crítico
sobre la estrategia informativa y
comunicativa comunitaria favorece que se
alimente el debate sobre qué informar, quién
debe comunicar, y cómo debe hacerse. De esta
manera, cuanto más vivo y abierto sea el
debate, más numerosos serán los actores que
se interesen por formar parte de él, y más
se conocerán, interactuarán, se integrarán
dichos actores. Por lo tanto, a través del
fomento de la crítica a la información y
comunicación comunitaria, y la suma de los
críticos a la conformación de tal política,
la integración debiera llegar a ser cada vez
más extensa y profunda.
De este modo, resulta lógico afirmar
que la crítica a la información y a la
comunicación europea es inherente a la
evolución de la estrategia comunitaria que
las articula, puesto que nace con ella y es,
además, factor que la condiciona,
completándola y favoreciendo su adaptación a
cada circunstancia histórica. Por lo tanto,
entre las diferentes ópticas posibles, cabe
analizar la Historia de la información y
comunicación sobre asuntos europeos como la
historia de un proceso de apertura de la
política a nuevos protagonistas, y de la
integración, en mayor o menor grado, de sus
posturas hasta conformar lo que hoy es la
comunicación europea. Es pues un proceso
de discusión y negociación sobre la
gestión del hecho informativo y
comunicativo, donde una variable importante
del proceso puede resumirse en la célebre
máxima latina scientia potentia est,
acuñada por Sir Francis Bacon. La
información es poder, en su versión
actual.
Del Servicio de Prensa e Información de la CECA a la
participación de las regiones
La descentralización de la
información y comunicación comunitaria, o lo
que es lo mismo, la suma de actores a la
conformación de una estrategia común, es un
proceso largo que comienza en el inicio de
la década de los cincuenta, con un
grupo muy reducido de personas trabajando
para una institución de una de las
comunidades europeas, y que continúa hoy en
día, cuando los actores locales y regionales
de los 27 Estados de la Unión empiezan a
adquirir cierto protagonismo.
Así, a finales de 1952, a instancias
de Monnet, se crea un grupo de trabajo de la
Comunidad Europea del Carbón y del Acero
(CECA) cuyo objetivo es llegar a los medios
las iniciativas puestas en marcha por la
Alta Autoridad, institución supranacional
que ejerce el poder ejecutivo sobre la
primera de las comunidades. En 1953 se
institucionaliza como Servicio de Prensa e
Información, entre cuyas funciones se
encuentran la organización de actividades
destinadas a dar a conocer la labor de la
organización internacional, facilitar el
acercamiento de los medios de comunicación a
la actualidad comunitaria, así como el
realizar un seguimiento de los estados de
opinión de los europeos con respecto al
proceso supranacional.
Las primeras oficinas nacionales se
sitúan, ya en 1954, en ciertas capitales de
los Estados miembros: París, Bonn y Roma.
Estas tres delegaciones serán el primer paso
de una estrategia de descentralización de la
información conforme a la cual, a medida que
se desarrolle el Servicio de Prensa e
Información y que vayan surgiendo nuevas
necesidades, se irán creando nuevas
delegaciones, hasta alcanzar las
representaciones que la Comisión, al igual
que el Parlamento, tiene en la actualidad en
cada uno de los 27 Estados miembros, así
como en numerosos terceros países.
Como sede central del servicio en los
primeros tiempos de la CECA, la oficina de
Luxemburgo tiene entre sus atribuciones la
redacción de comunicados y artículos sobre
actividades de la Alta Autoridad. Por su
parte, las oficinas nacionales se encargan
principalmente de adaptar la información al
perfil de sus ciudadanos, de la organización
de actos informativos, así como de despertar
el interés de los ciudadanos de sus países
por la construcción europea. De igual modo,
son las encargadas de entablar contactos con
los medios nacionales, especialmente con
aquellos que no tienen representación en
Luxemburgo, y de hacer un seguimiento del
impacto de las decisiones de la CECA en los
medios o en las mismas opiniones públicas.
Conviene recordar que, además de la
Alta Autoridad, la CECA cuenta con otras
tres instituciones: la Asamblea Común, el
Consejo Especial de Ministros y la Corte de
Justicia. Estas dos últimas nacen sin
atribuciones en materia de información. Sin
embargo, la Asamblea, que posteriormente
pasará a denominarse Parlamento, tiene como
función principal controlar la gestión de la
Alta Autoridad. Conforme a tal mandato,
cumple, desde el momento de la elaboración
por parte de Monnet de una estrategia
informativa para la CECA, la tarea de
vigilar la acción de la Alta Autoridad en
materia de información. Igualmente, la
Asamblea toma conciencia de la importancia
de dar a conocer su labor, de modo que ya a
partir de 1954 muestra interés por estrechar
vínculos con la opinión pública3
a fin de procurar que sus trabajos
encuentren eco en las sociedades de los
Estados miembros4 y por conocer
el estado de la opinión pública, a fin de
tener más en cuenta la opinión de los
ciudadanos para convertirse en una
institución «realmente representativa»5.
Así, en un primer momento, la Asamblea
mantiene informados, de manera informal, a
los medios interesados en sus actividades,
para, a lo largo de la segunda mitad de la
década de los cincuenta, ir
perfilando una estrategia6
informativa más ambiciosa y una serie de
dinámicas más sistematizadas7
.
Ante tal situación, la Alta Autoridad
rechaza, conforme al Artículo 8 del Tratado
de la CECA, que otras instituciones se
atribuyan competencias en materia de
relaciones exteriores. A tenor de este
artículo, interpreta que también dispone de
exclusividad en lo referido a las relaciones
con los medios y a la información a la
opinión pública. Rechaza así la posibilidad
de que la Asamblea pueda articular una
política propia de información y, por lo
tanto, no considera que esta institución
deba disponer de un servicio propio de
prensa e información.9 Nos
encontramos ante la primera disputa
interinstitucional provocada por la gestión
informativa, que se resolverá a través de un
compromiso que implica cierta colaboración
entre ambas instituciones.
No obstante, los conflictos
interinstitucionales en materia de
información se acentúan con la creación de
la Comunidad Económica Europea y la
Comunidad Europea de la Energía Atómica
(EURATOM), cuyos tratados se firman en 1957
y entran en vigor en 1958. Desde el primer
momento, los ejecutivos de las tres
comunidades se enfrentan por el control del
servicio9 creado por la CECA y
velan celosamente por gestionar la
información que generan. Tras dos años de
conflicto, se establecen tres servicios de
portavoz dependientes de cada uno de los
ejecutivos de las comunidades y un
servicio de prensa e información común.
Durante la década de los sesenta
entran en escena nuevos actores
destacados. Por un lado, los Estados, a
través del Consejo de Ministros. O para ser
más exactos, los Consejos de cada una de las
comunidades. Como ya hemos comentado, esta
institución no asume, en un primer momento,
funciones relacionadas con la información,
pues nace como un mero intermediario entre
los países y las comunidades. Sin embargo,
desde principios de esta década, los
ministros nacionales empiezan a reunirse,
anualmente, para tratar cuestiones
relacionadas con la estrategia informativa
comunitaria. En la primera de dichas
reuniones se trata el desarrollo de esta
política10, a la vez que la
Presidencia francesa muestra interés por el
establecer un cierto control sobre ella,
pues la considera demasiado «comunitaria»11.
Francia acusa a la Comisión de ignorar el
papel que pueden jugar los gobiernos en
materia de información comunitaria y de
atribuirse la iniciativa en su desarrollo
por considerarse a sí misma la institución
mejor preparada para efectuar esta labor12.
El interés del gobierno francés por
incrementar el control sobre la información
de la Comisión, y las consiguientes
colisiones con esta institución se extienden
hasta la retirada de De Gaulle en 1969. Ese
año «Le Monde» señala en uno de sus
editoriales: «La política de información de
la Comisión (a París), le parece demasiado
autónoma. ¿Debemos interpretarlo como
“demasiado eficaz”?».
Por otro lado, adquieren importancia
ciertos sectores de la sociedad civil que,
aun cuando ejerzan en ese momento una
influencia más discreta en el devenir de la
estrategia informativa que otros actores
clave, son sin embargo no sólo objetivo
prioritario de la información comunitaria
sino que, además, interaccionan, debaten,
con la Comisión (única tras la fusión de los
ejecutivos, efectiva desde 1967) y pueden
convertirse en buenos multiplicadores de los
mensajes que ésta desea transmitir. Es el
caso principalmente de los sindicatos, los
jóvenes o las universidades13.
Durante los setenta y los
ochenta se va gestando un clima más
propicio para el proceso general de
descentralización que en las dos décadas
anteriores. «La Comunidad debe reflexionar
sobre si no se ve amenazada por un excesivo
centralismo», sugiere Jean Rey, presidente
de la Comisión, en su primer discurso ante
la Asamblea de la década de los setenta14.
La estrategia de información y comunicación
comunitaria tratará de no será ajena a esta
realidad.
Este proceso de descentralización se
ve condicionado, entre otros, por dos
factores importantes que tendrán cierta
repercusión en la orientación de la
estrategia informativa y comunicativa
comunitaria. En primer lugar, las sucesivas
ampliaciones de la Comunidad Europea
incidirán en un incremento de las
dificultades que pudiera encontrase una
información demasiado centralizada, puesto
que en poco más de una década, el número de
Estados, y por lo tanto de realidades
socioculturales diferentes a las que
informar y con las que las comunidades deben
comunicarse, se duplica. En consecuencia, se
crean oficinas de representación en los
nuevos Estados miembros, y se buscan nuevas
fórmulas para acercarse al ciudadano.
El segundo factor reseñable es el
proceso de gradual humanización de la
construcción comunitaria; o lo que es lo
mismo, el deseo de convertir paulatinamente
al ciudadano en el centro de las políticas
comunes. Esto se debe a una tímida pero real
apertura de la dimensión sociocultural
de la construcción europea. De esta
época son las primeras propuestas de trabajo
en común en materia cultural y educativa.
Igualmente, responde al interés por
involucrar al ciudadano en la construcción
europea, toda vez que ya se está preparando
el camino para que participe en la toma de
ciertas decisiones como la elección de los
miembros del Parlamento Europeo. Como
resultado, el Parlamento adquiere una mayor
importancia, no tanto por su poder político
sino por el valor simbólico que supone ser
la institución que encarna la representación
directa de los pueblos europeos. Su nueva
condición reforzará el interés de esta
institución por informar y estar en contacto
con sus ciudadanos, y fortalecerá su papel
en la en la estrategia comunitaria de
información y comunicación sobre cuestiones
europeas.
Sin embargo, durante esta etapa
eminentemente proeuropeista, de
grandes avances comunitarios y ciudadanos
complacientes con el proceso, las
iniciativas dirigidas a implementar una
dimensión sociocultural del proceso
de construcción europea, toda vez que se han
ido alcanzado ciertas cotas de éxito en
integración económica y monetaria y notables
avances en integración política que quedarán
reflejados en el Tratado de Maastricht,
parecen tener más impacto que las
estrategias destinadas a mantener bien
informados a los ciudadanos y a hacerlos
parte del proceso. Es lo que Jacques Delors
definió como «dulce despotismo ilustrado».
Las instituciones europeas trabajan para los
europeos pero sin contar con ellos.
La firma del tratado de Maastricht,
rechazado por los daneses, pero recordemos
también, aceptado con más pena que gloria
por ciudadanos de otros Estados
importantes como Francia, sitúa en el centro
de la crítica, como ocurrirá poco más de una
década después con la ratificación del
Tratado por el que busca establecer una
constitución para Europa, a la política
comunitaria de información y comunicación.
Sea o no culpable del rechazo danés
al tratado, lo cierto es que la recién
nacida Unión Europea considera necesario,
como ya hemos comentado, reformar su
estrategia informativa y comunicativa. De
este modo, por un lado se establecen los
fundamentos y se desarrolla una política de
transparencia. Es decir, de apertura, de
visibilidad de la labor institucional. Por
otro, la información es desplazada por el
marketing, por «mensajes estimulantes,
excitantes, motivadores y que toquen a los
ciudadanos», como recomiendan algunos
estudios encargados por las instituciones
europeas durante los noventa a grupos
de expertos en comunicación. Otro elemento
con el que se pretende establecer una
información y una comunicación de proximidad
hacia el ciudadano es la utilización de las
nuevas tecnologías de la información y
comunicación, especialmente Internet, hasta
el punto de pecar, como posteriormente
reconocerá la propia Comisión, de cierto
determinismo tecnológico.
En lo referente a la
descentralización del proceso informativo y
comunicativo, durante la última década del
siglo XX y los primeros años del siglo
actual, se acentúa y trata de poner orden a
una estrategia de información basada en la
creación de redes en las que se imbrican
numerosas oficinas distribuidas por el
territorio europeo con el fin de cumplir
distintas funciones informativas: centros de
documentación europea, puntos de
información, carrefours, oficinas del
programa PHARE… Además, se establecen unas
dinámicas mínimas de coordinación
interinstitucional en materia de información
y comunicación. Así, la Comisión, el
Parlamento y, posteriormente, el Consejo, el
Comité de las Regiones y el Comité Económico
y Social, acuerdan en el seno del Grupo
Interinstitucional de la Información
directrices y acciones comunes, como las
enmarcadas en el programa PRINCE, a través
del que se financian importantes campañas
informativas como, por ejemplo, la dedicada
a la moneda única. Por último, el Consejo
reivindica cada vez más la importancia del
papel de los Estados en la comunicación
sobre asuntos europeos a la vez que se
implica activamente en su seguimiento.
Pese a todo ello, son numerosas las
voces que piden una mayor descentralización
acompañada de una mejor coordinación entre
instituciones15, sin que esto
suponga menoscabo de su autonomía. Algunas
ideas propuestas giran en torno a dar un
paso más en el proceso descentralizador,
reconociendo la importancia de los medios de
comunicación regionales y del Comité de las
Regiones, órgano de representación de las
regiones y municipalidades de la Unión, en
el marco de las estrategias de información y
comunicación lanzadas por la Comisión y el
Parlamento. Sin embargo, pese a la voluntad
de hacer operativas tales manifestaciones,
apenas se implementa medida alguna para
conseguirlo.
En 2005, tras un nuevo fracaso a la
hora de conseguir la ratificación ciudadana
de un texto, la Comisión Europea reconocerá
que el plan para la promoción de la
información y comunicación europea
desarrollado hasta el momento, y redefinido
en último término por tres comunicaciones
elaboradas por la Comisión Prodi, contiene
algunas «debilidades»16, entre
otras la falta de coordinación en las
actividades de comunicación desarrolladas
por la Comisión, una cierta desatención de
los intereses de los ciudadanos, o una
limitada labor a favor del diálogo con los
europeos.
Con «D» de descentralización
La Comisión Barroso, a través de la
figura de la comisaria Margot Wallström,
titular de la cartera de Relaciones
Interinstitucionales y Estrategia de
Comunicación, asume el reto de realizar una
reforma en profundidad, tratando de atajar
las debilidades identificadas, de la
política comunitaria en materia de
información y comunicación. Así, en apenas
cuatro años, la Comisión implementa una
serie de medidas que conviene recordar aquí;
nos referimos
a: en un primer término a un Plan de
Acción dirigido a mejorar y coordinar los
recursos que esta institución destina a
labores de información y comunicación; en
segundo lugar, una comunicación, conocida
como Plan D, cuya finalidad es
promover el diálogo con los ciudadanos;
asimismo, redacta un Libro Blanco
centrado en fomentar la comunicación
bidireccional entre instituciones y
ciudadanos, así como la participación de
estos últimos, incidiendo en la necesidad de
actuar a escala local; y finalmente, lanza
una comunicación y una propuesta de acuerdo
interinstitucional dirigidos a promover la
colaboración entre las instituciones de la
Unión Europea y sus miembros17.
El contenido de estos documentos abre
la puerta a una próxima participación activa
de las entidades locales y regionales en la
comunicación pública sobre asuntos europeos.
La transferencia de protagonismo «de una
comunicación enfocada en las instituciones a
una comunicación centrada en sus
ciudadanos», como subraya el Libro Blanco,
debería tener como consecuencia el
desarrollo de un papel más destacado de
aquellas entidades más próximas a los
pueblos europeos con potestad para informar
a los ciudadanos y, sobre todo, para apoyar
un proceso multidireccional de
comunicación. En este sentido y para aclarar
convenientemente qué entidades son
susceptibles de cumplir tales requisitos, el
mismo texto reconoce la importancia de
involucrar a las regiones y municipalidades
en la política de información y
comunicación.
Pero no sólo la Comisión apuesta por
los municipios y regiones, sino que el resto
de instituciones y el Comité de las Regiones
se han ido sumando recientemente al cada vez
más consolidado movimiento a favor de la
comunicación a escala local y regional sobre
asuntos europeos. A nuestro entender, la
importancia de involucrar a estos nuevos
actores se justifica principalmente en dos
argumentos que indicamos a continuación.
En referencia a la información, es
obvio que conforme a una estrategia
centralista, hoy por hoy resulta imposible
desarrollar una labor informativa efectiva
teniendo en cuenta la amplia variedad de
realidades culturales existentes en el cada
vez más vasto territorio comunitario, cada
una de ellas con diferente grado de
integración europea, y por lo tanto a un muy
diverso nivel de conocimiento de partida del
hecho comunitario. De este modo, un mismo
mensaje será recibido y entendido por cada
grupo de ciudadanos de una forma diferente.
Así las cosas, cuanto más se adapte la
información a las necesidades de un grupo
específico, lo más reducido posible, tanto
más efectivo será el proceso informativo. De
esta manera, las entidades locales y
regionales pueden lograr que el ciudadano
perciba la información como «más próxima», a
través de una adaptación del mensaje y de
los medios por los que se transmite, para
hacerla llegar más y mejor a la realidad
específica de sus pueblos.
Por otro lado, la Comisión Europea,
en el Libro Blanco de la Comunicación,
ofrece por primera vez una reflexión seria
sobre la necesidad de crear una esfera
pública europea, un foro común de
intercambio de información de significado
compartido, como vía para solucionar los
actuales problemas de debate, de
comunicación, sobre asuntos comunitarios.
Desde nuestro punto de vista, la Unión
Europea adolece actualmente de una cultura
cívica sobre la que se edificar tal espacio
público europeo18. Es decir, no
ha sido capaz de desarrollar los mecanismos
necesarios para que los pueblos europeos
puedan adquirir una serie de conocimientos
comunes sobre las bases, el fundamento,
la estructura de la sociedad europea.
Estos conocimientos les permitirían dar
significado completo a aquella información
sobre temas europeos que reciben, lo que
haría posible que se desarrollase en ellos
un espíritu crítico hacia el proceso
supranacional. O lo que es lo mismo, no
basta con que los ciudadanos reciban
información sobre la Unión Europea, sino que
además es necesario que sean capaces de
situar los mensajes que reciben en un
contexto que les dé sentido, de modo que
puedan interiorizarlos. De lograrse tal
propósito, podría articularse un verdadero
proceso de debate, de conexión de usos, de
confrontación de opiniones entre la Unión
Europea y sus ciudadanos, así como entre
distintos pueblos europeos, conformándose un
cierto sentimiento común de pertenencia,
compatible con las identidades nacionales,
regionales y locales.
Es pues evidente que para lograrlo es
necesario poner en marcha un proceso mucho
más profundo y complejo que el mero
establecimiento de contactos entre
ciudadanos e instituciones. La cultura
cívica europea debe nacer de unos
fundamentos educativos que doten al
individuo de los conocimientos necesarios
para que éste dote de significado a la
información. De este modo, y toda vez que la
Educación no está
comunitarizada
y que los Estados son reacios a desprenderse de competencias
en esta materia, hoy día, una de las pocas
vías abiertas para crear una cultura cívica
europea es la
educación no formal, campo en el que la sociedad civil,
y como veremos más adelante, las entidades
locales y regionales, tienen un papel
relevante que jugar.
Considerando las posibilidades de las
instituciones locales y regionales en este
proceso, como transmisoras de información,
promotoras de una
educación no formal
sobre asuntos europeos, y por qué no,
como dinamizadoras del debate sobre el hecho
comunitario, resultaría recurrente
reflexionar sobre la aplicación del
principio de subsidiariedad al ámbito de la
información y comunicación sobre asuntos
europeos. Es decir, dilucidar a qué nivel
—comunitario, nacional, regional o local— la
información y la comunicación son más
efectivas, a fin de establecer a quién
corresponde aplicar estrategias que permitan
articularlas.
Sin embargo, gracias al rápido repaso
de la Historia de la información y la
comunicación pública comunitaria que hemos
realizado en este artículo, observamos que
tras un largo proceso de descentralización
que ahora da un paso fundamental
incorporando a las municipalidades y
regiones, no cabe ni regirse por lógicas
excluyentes en lo referido a la
participación de diferentes actores, ni por
tentaciones monopolistas en la gestión de la
información. Nos encontramos ante un proceso
de suma de protagonistas que requiere a la
par de una estrecha colaboración entre
ellos. Queda por ver, en el nivel más
próximo al ciudadano, ¡quién se anima a
asumir el reto de desarrollar una estrategia
de información y comunicación!
El incipiente papel del Comité de las Regiones
En su papel de órgano de
representación de los municipios y regiones
de la Unión, el Comité de las Regiones,
principalmente a partir de 2006, asume un
papel dinamizador de la participación de los
entes a los que representa en actividades de
información y comunicación. En esta dinámica
sigue vías diferentes, como vamos a
considerar a continuación.
Por un lado, favorece la
participación local y regional en la
conformación de la política comunitaria de
información y comunicación. Para ello,
utiliza los mecanismos articulados en el
seno del propio Comité. En esta línea se
enmarcan iniciativas como la participación
de este órgano consultivo en el Grupo
Interinstitucional de la Información, la
firma de un acuerdo con la Comisión en
materia de comunicación, la elaboración de
distintos dictámenes que valoran la
estrategia comunitaria en esta materia, o la
celebración de «diálogos estructurados»
entre representantes locales y regionales y
distintos comisarios, incluida Margot
Wallström.
Por otro, pretende dinamizar la labor
de las regiones y municipios para comunicar
Europa. Así, a principios de 2006, el Comité
realiza una encuesta en la que se muestra el
interés de los entes regionales y
municipales por informar y comunicar sobre
asuntos europeos y en la que se estudia la
mejor manera de hacerlo19. A partir de ese
análisis, se pueden diferenciar dos posibles
líneas de actuación que posteriormente ha
ido desarrollando el órgano consultivo de la
Unión.
Algunas reflexiones sobre la información regional
La primera es involucrar a las
autoridades locales y regionales, o lo que
es lo mismo, a sus miembros, para que asuman
un papel protagonista como «transmisores» de
la actualidad europea, así como de los
proyectos y políticas que desarrolla la
Unión y afectan a sus regiones, aprovechando
que los organismos públicos más próximos a
los ciudadanos manejan numerosa información
sobre asuntos europeos de interés para su
región o municipio. No cabe duda de que tal
información será la que despierte más
interés entre los ciudadanos, siguiendo la
máxima periodística de que un hecho es más
noticioso cuanto más próximo a él se
sienta el receptor. Otro factor digno de
consideración es que los mensajes de los
representantes regionales y locales miembros
del Comité, por ser éstos líderes políticos
de primer orden en sus territorios, tienen
una considerable cabida en los medios
locales y regionales, que, según el
Eurobarómetro, están cada vez más y mejor
considerados por los europeos a la hora de
informarse sobre la Unión.
Sin embargo, no podemos pasar por
alto que en la mayoría de los casos, el
impacto que tiene la actualidad comunitaria
en los medios regionales se limita
principalmente a reseñar los resultados de
las visitas de los representantes locales o
regionales a Bruselas, y no a la multitud de
materias que de manera directa o indirecta,
siendo reguladas o gestionadas por la Unión
Europea, afectan a sus territorios. En este
sentido, conviene recordar que más del 70
por ciento de las decisiones que se toman
en Bruselas afectan directamente a los
ciudadanos, sin que los europeos lleguen a
ser conscientes de ello.
Igualmente, los medios se hacen eco,
ocasionalmente, de algún evento relacionado
con asuntos europeos de gran trascendencia a
nivel nacional o europea. Cuando se
producen, en muchas ocasiones, son las
representaciones de la Comisión y el
Parlamento en los Estados las que asumen la
función de fuentes de información. Sin
embargo, debido a sus actualmente limitados
recursos humanos y económicos, no pueden
establecer un efectivo contacto directo con
los medios locales y regionales. De modo que
en estos casos así como para informarse
sobre algunas cuestiones especialmente
relevantes -pensemos en asuntos como la
asignación de fondos regionales o las ayudas
de la Política Agrícola Común-, el
periodista local o regional acude a los
teletipos remitidos por las agencias
nacionales o internacionales de noticias,
cuya información ha sido seleccionada y por
ello normalmente no está adaptada a las
necesidades de este tipo de medios. Si a eso
se le añade que los periodistas no suelen
disponer de tiempo, y en ocasiones de
conocimientos suficientes para interpretar y
adaptar la información, en la mayoría de los
casos, cuando un periodista informa sobre
asuntos europeos, el «efecto proximidad» se
ha diluido.
De este modo, la labor de
sensibilización a sus miembros que está
desempeñando el Comité, así como la
formación de periodistas en asuntos
comunitarios, tarea que tímidamente realiza
este órgano de la Unión, son dos medidas
importantes para mejorar la información
sobre asuntos europeos en el ámbito regional
y local. Sin embargo, es imprescindible que
las autoridades locales y regionales, así
como los comunicadores, sitúen los asuntos
europeos más diversos en la agenda
mediática. En dicha labor no debe sólo
implicarse el miembro del Comité, sino
también el resto de cargos públicos
institucionales; en definitiva, las propias
entidades. Cuando un gobierno regional o un
ayuntamiento se sientan tan «institución
comunitaria» como la misma Comisión, se
habrá alcanzado el compromiso necesario para
conseguir que sus ciudadanos se consideren
plenamente europeos.
Hasta que llegue ese momento,
disponen de ciertas herramientas que pueden
ayudarles en esta labor informativa. Por
ejemplo, los distintos actores
intermediarios afincados en Bruselas, como
las redes de municipios o provincias,
transmisoras de lo que acontece en las
instituciones europeas. O como las oficinas
de representación de regiones procedentes de
países con sistemas políticos
descentralizados, como es el caso de España,
que pueden colaborar en informar a las
instituciones de sus regiones, incluso
directamente a sus propios ciudadanos. En
este sentido, es sumamente interesante la
intención mostrado por la Comisión en la
comunicación Comunicar Europea en
Asociación de empezar a colaborar con
estas oficinas. Otro instrumento a su
disposición son los gabinetes de
comunicación con que cuentan dichas
entidades locales y regionales. Sería
importante que pudieran disponer, al menos,
de un periodista formado en cuestiones
europeas, capaz de transmitir la actualidad
comunitaria que afecte a su institución, que
con toda seguridad es muy abundante.
Hacia una visión integrada de la comunicación regional sobre
asuntos europeos
La segunda línea de actuación del
Comité de las Regiones es el fomento de vías
que permitan al ciudadano de esas regiones y
municipios recibir información sobre la
Unión Europea a través de otros canales que
no sean los propios miembros del Comité, así
como favorecer la participación de los
europeos en un proceso de reflexión y debate
sobre cuestiones comunitarias. Sin embargo,
hoy día no se han sentado suficientemente
las bases para que esto pueda llevarse a
cabo.
Uno de los principales motivos de
esta situación, como señalan las regiones
consultadas en el estudio Comunicar
Europa al ciudadano-Actuar a escala local
mencionado anteriormente, es la falta de
financiación, esencial para poder emprender
proyectos. En la actualidad, el Comité de
las Regiones no ofrece recursos económicos
para organizar debates que no sean los que
se celebran en su sede; es decir, para
permitir que dialoguen también los
ciudadanos, y no sólo sus representantes. A
su vez, la Comisión dispone de recursos
limitados a tal fin, y los que existen,
están repartidos en diferentes programas,
muchos de ellos difícilmente visibles para
los ciudadanos. Es pues necesaria la puesta
en marcha, lo antes posible, de un programa
específico en materia de comunicación que
dote a los europeos de fondos para que
puedan desarrollar actividades de
información y comunicación ideadas y
gestionadas por ellos mismos, igual que
ocurre en otros programas comunitarios.
Con independencia de lo anteriormente
señalado, las instituciones y la sociedad
civil de las regiones y municipios europeos
deben asumir un papel impulsor, y no de mero
receptor de fondos. Deben por tanto
promocionar el debate, y fomentar una
educación formal y no formal en los valores
y la realidad europea, colaborando en la
construcción de una esfera pública común.
Siguiendo las tesis del eurodiputado
Herrero-Tejedor, ponente de dos informes del
Parlamento Europeo sobre comunicación, deben
involucrarse en una nueva dinámica que
favorezca la transición del actual sistema
informativo, pensado para facilitar
información a los ciudadanos que ya han
tomado la decisión de informarse, a uno
nuevo en el cual debe ser la información la
que vaya en busca del ciudadano20.
Algunas regiones han tomado ya hoy la
iniciativa, convirtiéndose en protagonistas
de un nuevo paso, quizás definitivo, en esta
historia de descentralización que es la
Historia de la información y la comunicación
europea. Sirva de ejemplo la región española
de Extremadura, que en 2007 recibió, de
manos de la Asociación de Regiones Europeas,
el premio «Comunicar Europa» a la mejor
estrategia regional de comunicación sobre
asuntos europeos. El galardón reconoce la
labor de la Red Extremeña de Instituciones
de Información Europea21 (REINE),
que agrupa a cerca de una veintena de
entidades que aúnan, de manera coordinada,
esfuerzos y recursos para acercar Europa a
cada rincón de esta Comunidad Autónoma.
REINE, coordinada por la
Vicepresidencia Primera de la Junta de
Extremadura, es un actor de proximidad de
primer orden. Desde 2006 viene desarrollando
actividades e iniciativas informativas,
formativas y de promoción de debates sobre
la Unión Europea en la Universidad, las
escuelas, las PYME, entre los jóvenes, en
las universidades populares, o incluso en
los municipios más pequeños de la región,
donde los ciudadanos conocen la realidad
comunitaria a través de actividades tan
diversas como conferencias, dinámicas de
grupo, obras de teatro, etc. A su vez, la
red está en constante contacto con las
instituciones europeas y sus políticas, por
ejemplo a través del Servicio de Acción
Exterior de la Junta de Extremadura o la
Oficina de Extremadura en Bruselas, a fin de
recabar información sobre asuntos europeos y
establecer los contactos pertinentes que
sean de utilidad para el proyecto. De este
modo, nos encontramos ante una de las
primeras iniciativas regionales destinadas a
desarrollar una comunicación integral sobre
asuntos europeos, donde la información y
posibilidades de interacción llegan a una
mayoría de ciudadanos, y donde ellos mismos
se convierten en actores principales,
incluso promotores, de información y debate.
Una iniciativa de tal calado es, y
puede ser cada vez más, referente europeo,
especialmente si sigue extendiendo su ámbito
de influencia hasta llegar a la sociedad
extremeña en su conjunto. Igualmente,
resultaría interesante un acercamiento de
estos nuevos actores del proceso de
informativo y comunicativo sobre asuntos
europeos a los medios de comunicación
regionales y locales, en un intento no de
condicionar su trabajo sino de intercambiar
impresiones y experiencias a fin de hacer
más efectiva la labor de todos. Por último,
un proyecto de estas características
generaría un valor añadido de primer orden
si de esta cooperación entre actores
públicos y sociedad civil en materia de
información y comunicación naciera un grupo
de trabajo y reflexión que, a partir de las
experiencias aprendidas, de su conocimiento
de la realidad local y regional de ese
territorio, y el contacto con expertos en
comunicación comunitaria y con las
instituciones europeas, cree conocimiento en
relación a cómo informar y comunicar más y
mejor sobre asuntos europeos. En conclusión, la consecución efectiva, a partir de iniciativas como la extremeña, de la incorporación de las entidades locales y regionales, y no sólo del Comité de las Regiones y sus miembros, a la estrategia común de información y comunicación, en coordinación y con el apoyo (incluido económico) de las instituciones europeas y los Estados, permitirá que se complete la secuencia histórica de descentralización, hasta conseguir lo que, sin éxito, se lleva años persiguiendo: ¡llevar Europa a las calles!
NOTAS
1
Es el caso de los daneses ante el
Tratado de Maastricht, los irlandeses ante
el de Niza, y los franceses y holandeses
ante el texto por el que se establecía una
Constitución para Europa.
2
Entrevista a Jacques-René Rabier, Archivos históricos de las
Comunidades Europeas, Florencia, código
INT609.
3
Como queda constancia en una
Resolución de 2 de diciembre de 1954.
4
Assemblée Commune de la Communauté
Européenee du Charbon et de l’Acier
(E. CARBONI,
rapporteur), Rapport sur les relations
avec la presse et l’information de la
opinion publique en ce qui concerne
l’activité et les objectifs de la Communauté,
doc. 10 1956-1957, février 1957 (10, en
019).
5
Rapport Poher sur les attributions de
l’Assamblée commune en matière d’information
de l’opinion publique du 3 avril 1956, CEAB1, 528/2, Archivos de la Comisión
Europea.
6
Resolution sur l’information de l’opinion
publique sur l’activité de la Communauté et
plus spécialement de l’Assemblée Commune, CEAB 62, n° 321, pp. 012 y 013,
Archivos de la Comisión Europea.
7
Assemblée Commune de la Communauté Européen
du Charbon et de l’Acier
(E. CARBONI,
rapporteur), Rapport sur les relations
avec la presse et l’information de la
opinion publique en ce qui concerne
l’activité et les objectifs de la Communauté,
doc. 10 1956-1957, febrero 1957.
8
Assemblée Commune de la Communauté Européen
du Charbon et de l’Acier
(E. CARBONI,
rapporteur): Rapport sur les relations
avec la presse et l’information de la
opinion publique en ce qui concerne
l’activité et les objectifs de la Communauté,
doc. 10 1956-1957, febrero 1957.
10
F.
DASSETO yM. DUMOULIN, Naissance et
développement de l’information européenne.
Berna, 1993, p. 50.
11
J.
R. RABIER, Les origines de la politique
d´information européenne (1953-1973), en
M. G. MELCHIONNI (ed.), Fonti e luoghi
della documentazione europea-Istruzioni per
l’uso, Roma: Università degli Studi di
Roma La Sapienza, 2000, p. 90.
12
Según una nota de la Presidencia
francesa al Consejo de 15 de julio de 1963.
Véase RABIER, J.
R. Les origines de la politique
d´information européenne (1953-1973), p.
90.
13
PARLAMENT EUROPÉEN, Rapport fait au nom
de la commission des affaires culturelles et
de la jeunesse sur le programme
d´information 1974-1975 de la Commission,
doc 106/74, de 27 de mayo de 1974, BAC
25/1980 N 141 p. 236. Archivos de la
Comisión.
14
COMMISSION DES COMMUNAUTÉS EUROPÉENS,
Discours de M. Le Président Rey devant le
Parlement Européen à Strasbourg, 4
février 1970.
Luxemburgo: Oficina de Publicaciones
de las Comunidades Europeas, p. 25.
15
Como denuncia, por ejemplo, en
Parlamento Europeo en una resolución de 1998
recogida en el Diario Oficial n° C 167, p.
230.
16
SEC (2005)985, p. 3.
17
SEC (2005)985, COM (2005)494, COM (2006)35 y
COM (2007) 568 y 569, respectivamente.
18
VéaseE. DACHEUX, «Rapprocher l’Europe des
citoyens, une nécessité?», Recherches en
Communication (France 1999) 18.
19
Véase «Comunicar Europa al
ciudadano-Actuar a escala local. Análisis
del estudio sobre la participación de los
entes locales y regionales en la tarea de
comunicar Europa a sus ciudadanos», en
www.cor.europa.eu.
20
Informe del Parlamento Europeo sobre
la aplicación de la estrategia de
información y comunicación de la Unión
Europea, p. 11.
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