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Año:
2008, Número:7-8 Comunicación
LA POLÍTICA DE INFORMACIÓN Y COMUNICACIÓN DEL PARLAMENTO
EUROPEO
Jaume Dutch Guillot
El europeo no puede vivir a menos que
se embarque en una empresa unificadora.
Cuando esto le falta, llega a degradarse,
crece inactivo, su alma está paralizada. José Ortega y Gasset
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Introducción
El Parlamento Europeo impulsa desde
hace años una política de información y
comunicación que busca facilitar el contacto
entre los ciudadanos y la institución
comunitaria que directamente les representa.
Esta acción ha chocado desde el principio
con diversas dificultades, unas ligadas a la
propia naturaleza de la institución, que
sólo en años recientes ha alcanzado
suficiente peso específico. Otras más
generales, compartidas con el resto de
instituciones de la Unión Europea,
relacionadas con la imagen burocratizada y
distante que ésta tiene a los ojos de muchos
ciudadanos. Durante mucho tiempo se ha
hablado de ese distanciamiento pero siempre
como algo secundario, poco importante en
comparación con los verdaderos problemas a
los que ha tenido que hacer frente el
proceso de integración europea. El foso
entre «Bruselas» y los ciudadanos se llegó a
convertir en un cliché más de la
construcción europea, sin que durante mucho
tiempo despertase excesiva preocupación.
Las cosas cambiaron radicalmente
durante la primavera de 2005, en pleno
proceso de ratificación del proyecto de
Tratado constitucional para la Unión
Europea. Curiosamente un proyecto que
buscaba, entre otras cosas, acercar las
instituciones y políticas comunitarias al
ciudadano haciéndolas más inteligibles, cayó
derrotado víctima del voto contrario de una
mayoría de ciudadanos de dos Estados
fundadores. Con la negativa del 54,68% de
los franceses y del 61,5% de los
neerlandeses se abría una crisis de
identidad y de confianza respecto al entero
proyecto común europeo, crisis que solo
ahora, tres años más tarde, empieza a ser
superada con la aprobación y probable
ratificación del Tratado de Lisboa a tiempo
para su entrada en vigor en enero de 2009.
El fracaso de la Constitución Europea
provocó en todo caso un sobresalto benéfico
desde el punto de vista de la estrategia de
información y comunicación. Algo fallaba y
el voto del referéndum así lo demostró.
Habían saltado todas las alarmas y había que
hacer de una vez por todas un esfuerzo serio
para recuperar el interés y la estima de los
ciudadanos por la labor de las instituciones
europeas. Decretado un «periodo de
reflexión» tras el que se ocultaron meses de
incertidumbre, pesimismo y casi paralización
institucional, la Comisión Europea y el
Parlamento Europeo se lanzaron a la
organización de iniciativas de participación
ciudadana y la redacción de nuevos planes de
comunicación basados en el debate
(fundamentalmente el Libro Blanco sobre la
política de comunicación y el Plan D, de
democracia, diálogo y debate, patrocinados
por la comisaria europea Margot Wallström).
A través de estas y otras iniciativas se
buscaba tanto reconectar con la gente como
intentar analizar las causas del creciente
desapego de una parte significativa de la
ciudadanía europea ante el proceso de
unificación.
El Parlamento Europeo:
una institución respetada pero desconocida
1. Los datos
Un reciente Eurobarómetro especial
sobre el Parlamento Europeo, publicado en
marzo de 2008, aporta datos interesantes
sobre la imagen que los ciudadanos tienen
del Parlamento Europeo y su nivel de
información sobre la institución y sus
actividades. La encuesta fue realizada entre
septiembre y noviembre de 2007 a cerca de
27.000 personas.
El resultado es interesante: la
cámara parlamentaria europea es la
institución europea que goza de mejor imagen
entre la ciudadanía, pero el nivel de
desconocimiento sobre su papel es
considerable.
Un 39% de los ciudadanos tienen una
imagen positiva o muy positiva del
Parlamento y un 41% una imagen neutral.
Únicamente el 15% tiene una percepción
negativa
o muy negativa. Ese 15% aumenta sin
embargo hasta un 35% en el Reino Unido y un
31% en Austria.
En cuanto a los términos que
describen correctamente a la institución
parlamentaria europea, un 69% consideran al
Parlamento democrático, un 55% «no bien
conocido», un 45% dinámico y un 42% «a la
escucha de los ciudadanos» (contra un 41%
que consideran que no es así). En el lado
negativo, un 39% lo consideran tecnocrático
y un 32% ineficaz.
Sin embargo, ese reconocimiento
convive con la crítica generalizada al nivel
de información sobre el Parlamento del que
disponen los ciudadanos. La gran mayoría
dicen no haber recibido información del
Parlamento a través de los medios de
comunicación de manera reciente (el 54%)
contra un 42% que sí han sido informados.
Los hombres se consideran más informados que
las mujeres (47% frente a 36%) y son las
personas de 40 a 54 años, con estudios
superiores y que tienen a confiar en la
Unión Europea las que más recuerdan
información reciente sobre el Parlamento
Europeo.
En general, sólo el 24% de los
encuestados se consideran bien informados y
un 5% muy bien informados, lo que se refleja
en resultados parecidos a la hora de
responder a preguntas concretas sobre las
competencias y la composición de la
institución.
A este respecto dos resultados llaman
poderosamente la atención: en primer lugar,
el hecho de que únicamente un 10% de los
europeos saben que las próximas elecciones
al Parlamento Europeo tendrán lugar en el
2009 y apenas un 2% son capaces de precisar
que serán en junio de ese año. En segundo
lugar, el hecho de que un 44% de los
encuestados crean que los diputados se
agrupan por nacionalidades y únicamente un
33% acierten al decir que lo hacen por
afinidades políticas (más un 23% que
confiesa no saber). Por supuesto pocos son
también los que saben cuántos diputados
corresponden a su país, pero este dato no
parece especialmente relevante, dado que
probablemente tampoco son muchos los que
sabrían decir cuántos miembros forman su
Parlamento nacional o cuántos se eligen en
su circunscripción.
La inmensa mayoría de los encuestados
(el 75%) opinan que el Parlamento desempeña
un papel importante o muy importante en la
vida de la Unión Europea y lo que es más
significativo, un 48% consideran que ese rol
debería incrementarse en el futuro, frente a
un 22% que prefieren que se quede como está
y un 12% que desearían verlo reducido.
Por último, un 43% de los encuestados
designan al Parlamento Europeo como la
institución europea con más capacidad
decisoria (frente a un 14% la Comisión y un
10% el Consejo) mientras que un 47%
consideran que el Parlamento debería ser la
institución con más poderes (un 8% la
Comisión y un 9% el Consejo).
Así pues, podemos concluir que la
naturaleza democrática intrínseca del
Parlamento Europeo le concede una mejor
imagen que la de las demás instituciones
europeas, pero el desconocimiento sobre la
institución es evidente. El elemento más
positivo es, sin duda, el interés de los
encuestados por obtener mejor información y
por ver aumentar el papel de esta
institución en el seno de la Unión Europea.
2. Especificidad de la
información parlamentaria
Ese interés en recibir información
sobre la actividad del Parlamento Europeo
choca en la realidad con diferentes y a
veces casi insalvables obstáculos, algunos
compartidos con las demás instituciones y
otros intrínsecos al Parlamento. Los
ciudadanos parecen querer más información
sobre el Parlamento pero los medios de
comunicación tienen en general la percepción
de que la actualidad parlamentaria europea
es poco relevante, aburrida y compleja y la
relegan por tanto fácilmente, en especial
cuando se trata de la televisión.
La información política requiere
normalmente inmediatez, personificación en
dirigentes políticos conocidos y, sobre
todo, enfrentamiento político. Tres
ingredientes poco presentes hasta ahora en
el Parlamento Europeo. Las decisiones que
toma la Eurocámara tardan en entrar en vigor
en la legislación de los Estados miembros,
los líderes parlamentarios no son apenas
conocidos fuera de sus países de origen y el
procedimiento de aprobación de la
legislación europea induce al consenso entre
grupos políticos, haciendo que la mayor
parte de las veces el ciudadano perciba al
Parlamento Europeo como un «todo» en lugar
de cómo el foro de debate y confrontación
política de posiciones políticas diversas.
La situación no es en cualquier caso
tan mala como se pueda pensar y de hecho en
los últimos diez años hemos asistido un
aumento sustancial de la visibilidad
mediática de la institución. Desde la
entrada en vigor de los Tratados de
Maastricht y Ámsterdam y especialmente desde
la crisis que llevó a la dimisión de la
Comisión Europea (1999) el Parlamento está
más presente en los medios de lo que se dice
o se cree, pero de forma desigual en función
del país y del tipo de medio de
comunicación.
En numerosas ocasiones la información
institucional se muestra de manera poco
atractiva, lo que provoca una escasa
presencia en el medio de mayor consumo que
es la televisión. Generalmente se exige que
la información difundida sea amena, de corta
duración e impactante, algo que rara vez
sucede a nivel europeo, donde la información
suele resultar en ocasiones densa, técnica o
con escaso interés popular. Aunque tampoco
hay que ser alarmistas. Estadísticamente, si
comparamos por ejemplo la información sobre
las instituciones europeas con la
información de otros ámbitos políticos y
administrativos, la situación no es tan
mala.
Si bien en radio y televisión la
presencia del Parlamento Europeo es
relativamente escasa, lo contrario sucede en
prensa escrita, donde cada día encontramos
noticias relativas al mismo. Por otra parte,
gracias a tecnologías cada vez más baratas,
todos los países cuentan ahora con decenas
de medios regionales y locales, incluidas
cadenas de televisión, que pueden por tanto
permitirse dedicar un mayor espacio a
asuntos europeos. Paralelamente, uno de
nuestros retos actuales es impulsar la
cobertura de la actualidad parlamentaria
europea en esos miles de medios que no están
representados en Bruselas y que se interesan
especialmente en los temas que tienen
impacto concreto en las vidas de los
ciudadanos.
En relación a ello, es necesario
destacar el papel que las nuevas tecnologías
desempeñan actualmente en el impulso de la
información institucional. Llegar a los
ciudadanos es ahora mucho más fácil y más
simple, fundamentalmente gracias a Internet.
Esto explica el interés del Parlamento por
mejorar y completar su oferta informativa en
la red, a través de su sitio internet
Europal y con la aparición inminente de una
televisión parlamentaria vía Internet.
En la nueva web priman los contenidos
concebidos especialmente para el ciudadano
de a pie y se abandona una presentación
pensada en su día para los especialistas. A
través de la web, el ciudadano puede ponerse
en contacto con la institución, con sus
diputados y sus funcionarios, solicitar
períodos de prácticas o subvenciones para
visitas de grupos. Y se mejora la
transparencia de la institución, poniendo a
disposición del público diferentes
registros, datos sobre la labor de cada
diputado, sus declaraciones de intereses
financieros o las listas de empresas y
entidades que han conseguido contratos o
subvenciones del Parlamento.
Estas mejoras importantes vendrán
acompañadas de otras en los próximos meses,
fundamentalmente la inclusión en la propia
web de herramientas interactivas, en
particular el webstreaming «a la carta» de
las reuniones del pleno y de las comisiones
parlamentarias, la posibilidad de
personalizar la web a través de la función
«Your Parliament», la introducción de
mejoras en el acceso al registro público de
documentos de la institución y la posible
creación, a medio plazo, de una versión de
las páginas web accesible a las personas con
discapacidades.
En los últimos años el Parlamento
Europeo ha desarrollado políticas de
información (prensa) y comunicación
(ciudadanos) dotadas de recursos humanos y
presupuestarios considerables. Destaca en
este sentido que se haya dotado de un
dispositivo de prensa a medio camino entre
el trabajo del gabinete de prensa y del
periodista, dispositivo que incluye la
elaboración de resúmenes de debates, el
análisis de los votos en pleno y comisión,
notas de documentación sobre asuntos en el
orden del día, agendas o la organización de
seminarios de formación destinados a la
prensa. Asimismo, se adecua la información a
los intereses específicos de los medios de
comunicación de los Estados miembros,
desarrollando canales de información
paralela/adaptada en cada lengua, se
facilita el equipa-miento necesario a las
cadenas de radio y televisión que lo
requieren y se fomenta la producción y
coproducción de programas de interés
europeo.
Las líneas generales de la política
de información y comunicación del PE las
dicta la Mesa a propuesta del Secretario
General. Un grupo de trabajo en el seno de
la Mesa, formado por varios vicepresidentes,
hace un seguimiento muy general de esta
política. Los órganos políticos no
intervienen en el día a día del Servicio de
prensa, que fija sus prioridades con
completa autonomía y que decide en cada caso
qué temas cubrir y cómo. La selección de los
puntos del pleno que se cubren y las
modalidades de cobertura se deciden en
función de su interés mediático. La
inminente aparición de la cadena de
televisión «Europarl TV» supondrá sin
embargo una mayor participación de los
responsables políticos en la supervisión de
la información, a través de un consejo
editorial integrado por diputados
representantes de todos los grupos
parlamentarios de la cámara.
Un Parlamento en
permanente cambio: el Tratado de Lisboa y
las elecciones de junio de 2009
1. El Tratado de
Lisboa, mayor visibilidad para la
institución
«El Parlamento Europeo, el gran ganador en Lisboa».
De esta manera abría su sección de
internacional el día 28 de octubre de 2007
el diario El Mundo. «El hemiciclo
ha sido hasta ahora poco más que un foro de
debate y el último eslabón de un proceso
legislativo casi cerrado, donde se
limita a pulir las leyes propuestas por la
Comisión y votadas por los Estados miembros.
Pero el Tratado de Lisboa, si se
ratifica y entra en vigor en 2009,
acercará la realidad a la percepción
ciudadana».
En un solo párrafo encontramos el
reconocimiento del papel creciente de la
institución y una prueba más de la manera
simplificada en la que buena parte de los
medios de comunicación se han posicionado
hasta ahora en relación con las competencias
de una institución que sólo en los años 2006
y 2007 ha sido decisiva en temas tan
importantes como la aprobación de la
directiva de servicios (que el Parlamento
modificó muy sustancialmente), el paquete de
normas sobre productos químicos, el
abaratamiento de las tarifas de llamada
desde teléfonos móviles en el extranjero o
las diferentes disposiciones en materia de
seguridad aérea, liberalización del
transporte aéreo y ferroviario, etc.
Tal y como constata el propio
Parlamento en su Resolución del 20 de
febrero de 2008 (2007/2286, INI)el Tratado
de Lisboa:
representa una
importante mejora de los tratados
existentes, lo cual entrañará una mayor
responsabilidad democrática y capacidad de
decisión de la Unión (mediante el
fortalecimiento del papel del Parlamento
Europeo y de los Parlamentos nacionales)
reforzará los derechos de los ciudadanos en
la Unión y mejorará el funcionamiento de las
instituciones europeas.
El nuevo Tratado otorga una mayor
responsabilidad democrática al Parlamento,
en un contexto de afirmación de valores,
reforzamiento de los derechos de los
ciudadanos y aumento de la eficacia de las
instituciones de la Unión. La generalización
de la codecisión ParlamentoConsejo, que se
convierte en el procedimiento normal de
aprobación de las normas comunitarias es el
aspecto más notable pero otros pueden tener
todavía más impacto desde el punto de vista
de la percepción ciudadana: la elección del
Presidente de la Comisión a propuesta del
Consejo Europeo (propuesta que deberá tener
en cuenta el resultado de las elecciones
europeas) y la investidura y control del
Alto representante de la Unión para Asuntos
Exteriores y Política de Seguridad en su
calidad de miembro de la Comisión Europea,
serán por ejemplo dos competencias que
introducirán en el Parlamento dosis de
política de partidos y debates en torno a
caras conocidas.
2. Un momento clave: las elecciones europeas de 2009
Cada cinco años la cita del
Parlamento Europeo con las urnas se
transforma en un test sobre su propia
legitimidad institucional.
Desde las primeras elecciones
europeas en junio de 1979 la participación
electoral ha ido a la baja, hasta situarse
en el 45% en junio de 2004. Por primera vez
se caía por debajo de la barrera del 50%, a
causa en buena parte de la escasísima
participación en la mayor parte de los
nuevos Estados miembros.
Es obligatorio por tanto constatar
que el aumento progresivo de competencias
del Parlamento Europeo no ha contribuido a
incrementar el nivel de participación en las
elecciones europeas, probablemente porque la
asunción de nuevas competencias no ha tenido
apenas visibilidad para los ciudadanos o
porque cuando la ha tenido ha sido en un
contexto negativo. Ese fue el caso en 1999,
cuando las elecciones se celebraron apenas
tres meses después de que la Comisión
Europea se viese obligada a dimitir
presionada por el Parlamento Europeo.
Durante varias semanas el PE ocupó las
primeras páginas de los medios de
comunicación.
Quedó claro que era una institución
que empezaba a contar.
Sin embargo, la participación volvió
a bajar, en parte porque los ciudadanos no
distinguieron entre Comisión, Parlamento o,
simplemente, Comunidad Europea.
En cualquier caso las elecciones
europeas son un referente muy importante
para la comunicación ciudadana y el mejor
momento para lograr despertar un mayor
interés por la actividad de la institución.
Conscientes tanto de la importancia de la
participación electoral como de la
oportunidad que significa la convocatoria a
las urnas, los órganos directivos del
Parlamento han aprobado una vez más la
puesta en marcha de un plan de comunicación
sobre las elecciones que sirva de punto de
apoyo de las campañas electorales de
partidos y candidatos.
Dos serán los mensajes
institucionales fundamentales: el primero,
la fecha de las elecciones europeas,
desconocida —como ya hemos hecho referencia—
por el gran público. La segunda, la
importancia de participar en la elección de
una institución que con la entrada en vigor
del Tratado de Lisboa se convierte en un
actor institucional de primerísimo orden y
en la institución a través de la cuál los
ciudadanos pueden realmente influir en una
parte importante de las decisiones
comunitarias.
Ambos mensajes deberán poder llegar
al ciudadano tanto a través de los medios de
comunicación como directamente, a través de
una campaña institucional basada sobre todo
en los medios audiovisuales y en el uso de
Internet.
Serán acciones principales la
difusión de los logros obtenidos por el
Parlamento durante la legislatura que ahora
concluye, la identificación de los temas
clave del período 2009-2014, la puesta en
marcha de un plan específico para los medios
regionales y locales, la cooperación con los
grandes grupos audiovisuales europeos para
una mejor difusión de la información sobre
las elecciones y la explotación intensiva de
las nuevas tecnologías, especialmente a
través de páginas web, de la nueva
televisión por internet y de la diseminación
de la información a través de la red.
Conclusión
Los ciudadanos de la Unión Europea
accederán en mayor medida a la información
europea y se sentirán mejor informados
cuanto más claro tengan que muchas de las
decisiones que les afectan se toman ya en
Bruselas y Estrasburgo y sientan por tanto
la necesidad de saber lo que allí sucede.
Para ello más importante que el esfuerzo por
aumentar la cantidad y la calidad de la
información es que la percepción responda a
la realidad, algo que sin duda llegará poco
a poco de la mano de las nuevas
disposiciones del Tratado de Lisboa. De
hecho, existe la sensación de que no es
información lo que falta, sino interés en
consumirla, tanto por parte de los
ciudadanos como por los propios medios de
comunicación.
Una Unión Europea decisiva en
políticas como las de justicia e interior,
medio ambiente, energía o política exterior
será sin duda más atractiva para los medios
y más importante para las estructuras de los
propios partidos políticos. Aparecerá
probablemente un verdadero debate político a
escala europea, abierto a opciones, ante el
que los ciudadanos sentirán la necesidad de
tomar posición. Una Unión Europea más política y menos técnica, más diversificada y menos consensual, más personalizada y más fácil de entender será sin duda más atractiva y más cercana. Será en ese momento cuando realmente dé fruto el considerable esfuerzo que las instituciones comunitarias vienen realizando desde hace unos pocos años para poner al alcance del ciudadano toda la información necesaria sobre el día a día de la Unión Europea. |