![]() |
|
Año:
2008, Número:7-8 Comunicación ALGUNOS CONDICIONANTES Y LIMITACIONES DE LA COMUNICACIÓN EN EL MODELO EUROPEO DEL CAPITALISMO AVANZADO Roque Faraone Ver pdf |
|
Introducción
Por «comunicación» pueden entenderse
fenómenos diversos. No vamos a tratar de la
comunicación interpersonal directa,
tampoco habrá un análisis expreso de la
extraordinaria expansión de la comunicación
interpersonal mediante teléfonos
(oral o escrita) o de la comunicación
interpersonal electrónica, que
también aumentó en forma exponencial.
Vamos a centrarnos en la comunicación
social resultante de la emisión de mensajes
centralizados y dirigidos a multiplicidad de
receptores: en los llamados medios de
comunicación de masa.
Se puede considerar obvio que un
sistema de comunicación social está
condicionado por factores socio-económicos y
que así ha ocurrido siempre. El problema
radica en advertir hasta qué punto ese
sistema de comunicación es resultado de
factores materiales y de relaciones humanas
que a su vez emergen de la relación de los
hombres con las cosas y no de la relación de
los hombres entre si, considerada ésta en
forma abstracta, como es posible advertir en
las interpretaciones más frecuentes.
Estas interpretaciones conducen, por
ejemplo, a relacionar de modo preferente a
diferentes regímenes políticos con
los sistemas de comunicación. Y entonces se
dice: en un régimen de liberalismo político
(con elecciones periódicas, separación de
poderes, garantías individuales, etc.) el
sistema de comunicación tendrá
características de amplitud, controversia,
etc. Y en un régimen autoritario de
concentración de poder, el sistema de
comunicación estará censurado, será
monocorde, etc. Y, desde luego, estas
observaciones no son incorrectas, pero son
insuficientes. También se produce esta
limitación cuando el enfoque proviene de una
óptica cultural (entendiendo el
término en su mayor amplitud). Y en este
caso se dirá: el marco cultural en el que se
inscribe un sistema de comunicación
condiciona los mensajes emitidos (no es el
mismo, por ejemplo, el que ha surgido de la
tradición judeo-cristiana del que produjo la
tradición islámica). Naturalmente, estas
segundas observaciones también tienen su
acierto, pero son también insuficientes.
1. La historia de la prensa aclara la
perspectiva sobre este problema
Aludo a la historia estructural y
sintética de la prensa. Comencemos por
la prensa cotidiana. Y no confundo, en esos
orígenes que deben ser situados al final del
siglo XVIII y los primeros años del siglo
XIX, fenómenos que son de distinta
naturaleza. No es lo mismo L’Ami du
peuple (el manifiesto-panfleto de Marat,
que era una sola pequeña hoja) que The
Times (de Londres). Estoy refiriéndome a
la prensa cotidiana urbana que acompaña a la
revolución industrial y que en diversos
sentidos recoge sus avances y los expresa.
The Times aplicó una máquina a vapor
para mover sus imprentas planas en 1812, e
imprimía así 10.000 ejemplares diarios. Más
adelante el telégrafo posibilitó o facilitó
el surgimiento de las Agencias de noticias y
aumentó así (acompañando la expansión
comercial) el caudal de noticias que es
difundido por la prensa. En la segunda mitad
del siglo XIX y al menos en el Occidente
industrializado, se siguió transformando esa
prensa con linotipos, rotativas,
fotograbados, etc., respondiendo siempre a
condiciones socio-económicas cambiantes. Esa
prensa industrial de la segunda mitad
del siglo XIX siguió incrementando sus
tirajes (porque la concentración urbana
continuó y las comunicaciones ferroviarias
también lo facilitaron); por otra parte era
mayor el porcentaje de población letrada y
mejoró la capacidad de compra de algunos de
los sectores de la sociedad, antaño
postergados. La prensa vespertina
atendió a ese nuevo lector asalariado que
retornaba a su hogar y podía ahora comprar
un ejemplar solo, dado que ya no se vendía
sólo por suscripción. Pero tal vez antes
que estas reflexiones, deberíamos
considerar que al resolver editar un
vespertino, el industrial propietario de la
empresa periodística decidió aprovechar
rotativas ociosas, composición y fotos ya
realizadas, gastos de administración casi
nulos para este nuevo periódico. Decidió
producir un subproducto destinado a asegurar
la rentabilidad del capital invertido, de
modo de poder afrontar la feroz competencia
entre los diversos matutinos. El retorno que
obtendría de la edición vespertina podría
invertirlo en un corresponsal extranjero
para un tema candente o en otras mejoras
destinadas a su matutino. Fue la lógica de
expansión del capitalismo la que lo impulsó.
Y el competidor que no lo hizo, desapareció,
puesto que el proceso de concentración
llevó, ya en 1900, en Estados Unidos, a un
solo cotidiano por ciudad de más de medio
millón de habitantes, con contadas
excepciones.
En síntesis: las condiciones
socio-económicas generales de la sociedad,
pero en especial su régimen productivo, son
determinantes para la interpretación del
fenómeno prensa. Por eso será posible (y en
el siglo XX los ejemplos son innumerables)
que un mismo periódico muestre contenidos
liberales en épocas de gobiernos con
liberalismo político y contenidos
censurados o autocensurados en épocas de
gobiernos autoritarios. Porque predomina la
lógica empresarial del beneficio sobre la
supuesta finalidad del «bien público» —la
comunicación.
Y del mismo modo, un periódico podrá
tener contenidos representativos del marco
cultural predominante en la sociedad donde
se difunde y por consiguiente habrá
diferencias culturales entre periódicos de
diferentes culturas, pero habrá una
funcionalidad esencial semejante, al
servicio de las estructuras de las
sociedades en cuestión.
2. Un factor que perturba la comprensión
adecuada de esta evolución
La tecnología que sustentaba a la
prensa del siglo XIX, que surgió y se
perfeccionó a ambos lados del Atlántico,
(donde había surgido la Revolución
Industrial) fue, a pesar de su complejidad
creciente, transportable a otras ciudades y
a otras regiones del planeta. Y los modelos
de periódicos de ese Occidente industrial
fueron adaptados a esas otras ciudades y
regiones entonces también «periféricas»,
incluyendo la Europa Central y del Este.
Desde luego que los modelos adaptados, en
muchos casos atendían realidades
socio-económicas muy diversas de las que
existían en las sociedades donde el fenómeno
prensa se había desarrollado. En esos
lugares era impensable que existieran
ediciones «extra» como en Estados Unidos,
por ejemplo, o en otro orden fue necesario
que pasara más tiempo que en Europa y
Estados Unidos para que el sistema de abono
mensual fuera sustituido por la venta
diaria. Y también demoró más la aparición de
los vespertinos, porque las condiciones
socio-económicas eran menos propicias.
Entonces, si los estudios de prensa
se realizan englobando el conjunto de las
publicaciones de prensa sin considerar las
condiciones y las relaciones de producción
en el sistema socio-económico circundante,
se corre el riesgo de sobrevalorar los
aspectos políticos y culturales a los que
aludíamos.
Y esto nos lleva, de lleno, al siglo
XX.
3. La historia de la radio y de la
televisión hacen más complejo el problema
que se acaba de reseñar con esa historia
selectiva de la prensa
Es sabido que la radiodifusión
comienza en Europa después de la Primera
guerra mundial y puede aceptarse como
convención que la televisión —a pesar de
ensayos más tempranos— empieza a expandirse
después de la Segunda Guerra Mundial.
A diferencia de los Estados Unidos,
donde tanto la radiodifusión como la
televisión surgieron por iniciativas
privadas y tanto el Estado federal como los
Estados miembros optaron por una regulación
laxa, en Europa Occidental y especialmente
en Gran Bretaña y Francia se adoptó la
noción de servicio público para estas
actividades, creándose respectivamente la
BBC y la RTF (luego ORTF). Una combinación
de factores materiales y culturales explican
siquiera parcialmente estas opciones
diversas tomadas a cada lado del Atlántico.
Las grandes extensiones norteamericanas y el
escaso alcance de las ondas medias; el
aislamiento continental, que no generaba un
problema de defensa de la lengua nacional;
además de las tradiciones de un poder
etático menos intervencionista, pueden ser
señalados para la determinación de la opción
privatista en materia de radiodifusión en
los Estados Unidos. La fuerte tradición de
los Estados nacionales y en particular la
defensa de la lengua; las reducidas
extensiones territoriales; y Estados
pluriseculares que ya habían asumido
múltiples servicios públicos, pueden, por el
contrario, ser señalados para comprender la
opción europea. El derecho vino después a
sancionar y organizar intelectualmente una
realidad social. Y ese derecho, consagrado
hoy internacionalmente en las Convenciones
que rigen el tema, establece que las ondas
electromagnéticas son patrimonio de la
humanidad, y los Estados los administradores
de esas ondas. Cada Estado, de acuerdo a sus
capacidades económicas y tecnológicas, se
reserva el uso de determinadas frecuencias
para el cumplimiento de los fines de
seguridad y de mantenimiento del orden que
se atribuye a si mismo. Y administra,
directa o indirectamente, el uso de las
restantes ondas. De modo que hoy las
formulaciones del derecho internacional
vigente (como todo el derecho internacional,
de aplicación más aleatoria que el derecho
positivo nacional) teóricamente contemplan
los dos modelos encontrados, a los que
aludíamos.
Y debe reconocerse que también cobija
a un tercer modelo, que surgió a raíz de la
Revolución Rusa, según el cual la
comunicación social electromagnética (así
como también la impresa) son instrumentos de
conducción de un proceso revolucionario y
por tanto factores privilegiados de la
acción social y cultural del Estado
(generalmente llamado socialista). Este
tercer modelo ha sido asociado al
pensamiento marxista, pero hay razones para
discrepar con esta interpretación. El
marxismo se reclama de una metodología
científica, esto es, de controversia y
verificación, y por tanto no es concebible
que se pueda producir un avance social
plenamente solidario con monopolio de la
información1. Una cosa es la
acción del Estado destinada a proteger la
información y otra cosa es el monopolio de
los contenidos de esa información.
4. El financiamiento
Aquí, en la búsqueda de
antecedentes estructurales en la
historia de la comunicación electrónica, y
en particular en Europa, lo que se debe
señalar es la importancia del financiamiento
en esa evolución.
Es obvio que la emisión abierta de
señales de radiodifusión o de televisión
sólo puede producir recursos mínimos por la
reproducción y venta de algunos programas en
los que pueden estar interesados emisores de
otros países. Al ser las cosas así, varios
gobiernos europeos decidieron fijar una tasa
o impuesto anual a cada receptor de radio
vendido, para que fueran los usuarios del
servicio quienes sostuvieran el costo de
producción de programas y el mantenimiento y
expansión del servicio. En Estados Unidos,
al ser privado el sistema, los emisores
recurrieron a la publicidad, única fuente
posible de recursos. Y en los estados
«socialistas» no había ni impuesto ni
publicidad2 De modo que durante
al menos cuatro décadas, varios países
europeos dispusieron de radiodifusión
pública sin publicidad y existía la
posibilidad de comparar esos servicios con
la radiodifusión comercial que existía en
Estados Unidos y también en algunos otros
países de Europa, donde era sostenida
financieramente con publicidad.
Cuando se introdujo la televisión,
prácticamente al promediar el siglo XX, cada
país europeo extendió a la televisión el
sistema vigente para la radiodifusión. Donde
ese servicio público era brindado por el
Estado, la televisión también pasó a ser
brindada por el Estado. En los otros países,
se adoptó la opción privatista, con
financia-miento publicitario.
5. ¿Qué es la publicidad?
Parece una pregunta ociosa, puesto
que puede ser contestada diciendo que es la
promoción de la venta de un bien o de un
servicio. Y sin embargo se comprenderá que
tiene sentido hacerla, porque no es lo mismo
la promoción de un producto en una sociedad
artesanal que en una sociedad industrial.
Vivimos en una sociedad en la que la
publicidad lo impregna todo y esto condujo a
que sea considerada como un hecho casi
natural, que está «en la naturaleza de las
cosas», como decía Montesquieu al definir el
concepto de ley. Esta aceptación también
incide en postular su «intemporalidad»,
puesto que la mayoría de los manuales
recurre al pasado más remoto para evocar
antecedentes. Con lo que se logra ocultar o
disimular su carácter social e histórico. La
publicidad es un apéndice del capitalismo o
un motor del capitalismo. La lógica de la
expansión indefinida, la lógica de la
concentración, van de la mano con la
necesidad de invertir cada vez más en
publicidad. Los bienes tienen que circular y
tienen que ser consumidos cada vez más
rápido. No importa que esos bienes sean
nocivos
Resumen de esta
introducción
Los rasgos que fueron destacados de
la historia estructural de la prensa y de la
televisión muestran la dependencia
determinante del régimen productivo, esto
es, el sistema capitalista y sus mecanismos
competitivos y de concentración. Lo que
suele ser llamado (impropiamente) el
mercado. Por otro lado mencionamos la
presencia, la acción (o inacción) del poder
político: el Estado (los Estados).
Ahora, entrando de un modo genérico a
la complejidad del sistema de comunicación
social vigente en casi todo el mundo, y que
en Europa ha alcanzado un extraordinario
desarrollo, debemos comenzar por referirnos
a un problema fundamental y previo, que
implica alguna convención de lenguaje.
I. La ideología
Un monje medieval, Guillermo de
Nogent3, hizo esta afirmación:
«Dios hizo las cosas así: unos oran, otros
combaten, los demás trabajan». Estaba
interpretando así la estratificación social
de su época (Clero, Nobleza y Estado llano)
con la perspectiva teológica vigente. Para
él, era obra divina y por lo tanto
permanente y definitiva.
Su visión del mundo, su
interpretación de la realidad, nos parece
ahora ingenua, pero no cabe duda de que era
entonces una interpretación generalizada. Y
también comprendemos ahora que esta
formulación cumplía una función social de
consolidación del orden vigente. En una
sociedad que tenía tan fuerte referencia a
la religiosidad del cristianismo, la
afirmación de que la estructura social era
obra divina reforzaba la obediencia a los
poderes existentes. Esas eran las únicas
ideas de recibo y así el orden social
quedaba más consolidado, sin que mediara la
amenaza explícita de un castigo
ultraterrenal. El orden social debía ser
acatado no sólo por ser un orden social (con
sus sanciones terrenales) sino que debía ser
respetado por ser obra divina.
Este es un ejemplo de ideología,
en el sentido que por primera vez
estableció Marx, de «falsa imagen de la
realidad». No una creación maquiavélica y
consciente de los dominadores, inventada
para perpetuar su dominio, sino una
espontánea visión —un reflejo— de la
realidad que, desde luego, les era
favorable. Tanto Marx como luego Engels4 (este último en su correspondencia) trabajaron poco el nuevo concepto, que se superponía, en el lenguaje de las ciencias sociales, a la acepción corriente que en esa época y también en la nuestra, tenía y tiene el vocablo ideología. Por ideología, la mayoría de los autores se refiere actualmente a un conjunto coherente de ideas sobre la sociedad humana o sobre el destino de los humanos.
En esta acepción —la más generalizada
en el lenguaje científico y también en el
lenguaje massmediático—, existirían tantas
«ideologías» como opciones coherentes y
alternativas se han podido o podrán
formularse. Así, por ejemplo Bell5
pudo, en 1960, seguir utilizando el
vocablo «ideología» en ese primer sentido,
originado en Destut de Tracy6,
para sostener la idea del «fin de las
ideologías».
Para Lalande7, pueden
distinguirse dos sentidos. En sentido A:
ciencia que tiene por objeto el estudio de
las ideas (en el sentido general de hechos
de conciencia), de sus caracteres, de sus
leyes, de su relación con los signos que las
representan y sobre todo de su origen.
En sentido B:
En sentido peyorativo, análisis o
discusión vacías de ideas abstractas, que no
corresponden a los hechos reales.
Althusser, con su Aparatos
ideológicos de estado8,introdujo
la idea de que ciertas instituciones cumplen
una función amplificadora y reproductora de
ideología, conceptos que tomarán otra
dimensión con Bourdieu9 .
Otros autores han enriquecido
nuestros conocimientos al respecto, y pueden
citarse Rossi Landi, que proporciona once
definiciones de ideología10,
Abrercombie, tres11, Eagleton,
dieciocho12 además de los aportes
de Therborg y van Dijk, etc.13.
El tema excede el marco de este
artículo. Pero era necesario acordar al
menos una convención: dado el uso difundido
del vocablo con diferentes acepciones,
parece conveniente denominar «ideología»,
sentido A, cuando el vocablo es
utilizado con el sentido más corriente, esto
es, «conjunto coherente de ideas sobre las
sociedades humanas o sobre el destino de los
seres humanos». Y denominar «ideología»,
sentido B, cuando el vocablo es empleado
en su sentido de «falsa imagen de la
realidad», o mejor «imagen errónea de la
realidad». 1. Consecuencias interpretativas respecto a los medios de comunicación
Las concepciones dominantes en el
mundo actual interpretan el funcionamiento
de los múltiples medios de comunicación — en
situación de liberalismo político, esto es,
sin censuras notorias por parte de los
gobiernos — bajo una óptica coherente con el
fundamento teórico del liberalismo político:
los gobiernos son electos por el pueblo
soberano, formado por ciudadanos iguales.
Los medios de comunicación, al servicio del
público lector, oyente o televidente,
expresan la opinión pública, formada por el
conjunto de opiniones individuales.
Naturalmente que las diferentes
ideologías (sentido A) tiñen las
opiniones de quienes difunden mensajes por
los medios, pero una labor medianamente
profesional de los periodistas —fundada en
una actitud de neutralidad—, puede lograr el
máximo de objetividad en la información
producida y difundida. Y de todos modos, la
pluralidad de medios existente corrige los
defectos que puedan existir. Es lo que se ha
denominado la teoría del «cuarto poder»,
refiriéndose al peso que ejerce o puede
ejercer la opinión pública, ilustrada o
informada por esos medios de comunicación,
que se supone son siempre vigilantes de los
tres poderes del Estado.
En cambio, un pensamiento crítico
sostiene que lo que antecede es una
construcción ideologizada, dicho de otro
modo, que es un aspecto de la ideología
en sentido B. En efecto, sin desmerecer
las virtudes de un régimen político que
realiza consultas electorales y en el cual
los ciudadanos tienen ocasión de
pronunciarse con cierta periodicidad o con
alguna frecuencia, lo cierto es que los
ciudadanos no son iguales en cuanto a su
capacidad de incidencia en los asuntos
públicos y que la realidad, a través de la
historia de dos siglos y poco de liberalismo
político, muestra que son los estratos altos
de la sociedad los que pueden actuar e
influir en forma efectiva en la sociedad,
económica, política y culturalmente, en
mayor medida que el resto de la ciudadanía.
En el siglo XIX hubo muchos regímenes
de liberalismo político en sociedades que
mantenían sin embargo la esclavitud. En
Estados Unidos hasta 1865, en Brasil hasta
1889. Hasta entradas dos décadas del siglo
XX, todos los regímenes de
liberalismo político —entre ellos los
europeos— excluían del sufragio a las
mujeres, que en Francia votaron por primera
vez en 1946 y en Suiza en 1973. Es decir que
el liberalismo político era útil en forma
directa para una parte de la
sociedad, mientras que empleaba un discurso
legitimador que hacía pensar en toda la
humanidad (por ejemplo, la Revolución
francesa de 1848 se hizo con el lema del
«sufragio universal» …que entonces quería
decir: «sufragio universal masculino…»).
No se trata de desprestigiar al
liberalismo político, ni siquiera de negar
la evidencia que sus constantes progresos
fueron mejorando la condición de quienes aún
no quedaban protegidos por la nuevas
instituciones. Se trata de denunciar el
discurso legitimador del liberalismo para
mostrar, al mismo tiempo, que el discurso
legitimador de la teoría del «cuarto poder»
es también una construcción ideológica
derivada de aquél. La sociedad capitalista
fue transformando sus instituciones
políticas con muchas contradicciones. El
siglo XX mostró en Europa la coexistencia
primero y el enfrentamiento bélico después
entre países liberales y países fascistas
que tenían sistemas de comunicación social
semejantes, funcionales al sistema
productivo que les era común: el
capitalismo. Las funciones de control
social, de reproducción ideológica, de
circulación autónoma de hechos políticos,
aplique concepciones favorables al
mantenimiento del statu quo socio-económico,
como lo han demostrado los trabajos de Media
Group14 o lo señala Stuart Hall15.
Esta observación puede ser
considerada por algunos como irrelevante,
por suponerla inevitable. Y desde luego no
es posible discutir, en alguna medida, su
carácter de inevitable, para cualquier tipo
de sociedad y en todo momento histórico.
Pero no es lo mismo ignorar o pretender
ignorar que la ideología (en sentido B)
existe, se reproduce y los medios de
comunicación son los principales
reproductores de ideología, que señalar
que esto ocurre y que depende mucho de la
conciencia que tengan de ello los
trabajadores de los medios, los estudiosos
de los medios, los dirigentes políticos y
buena parte de la opinión, para que los
parámetros ideológicos se vayan
transformando, al influjo de o en
consonancia con las contradicciones que
lagir». «Le acerca elementos nuevos que
surgen del progreso de la ciencia y la
tecnología aplicada a cada nuevo producto,
sin los cuales estaría indefenso, inerme
para tomar las mejores decisiones de compra
(en su beneficio)». «La publicidad
desarrolla imaginación, emplea en ocasiones
el humor, es creativa, embellece la vida, es
un arte (utilitario) pero es un arte».
Podemos transcribir en la misma en casos de
abusos (difamación, injuria). En otros se
opta por la sanción penal.
En todos los casos, es el Estado el
que regula la concesión de ondas
electromagnéticas para radiodifusión a
privados, si es que los hay, y por otro lado
también son los Estados los reguladores
genéricos de los contenidos de los mensajes
electrónicos, generalmente en términos de
«cartas» o «cuadernos» que formulan
principios generales.
Existen en muchos casos formas de
protección para los medios impresos, con el
fin de compensar el desplazamiento que se
fue produciendo hacia lo audiovisual.
Y por último hay regulaciones legales
variadas acerca de los contenidos de la
publicidad, su extensión, su ubicación en el
medio, con prohibiciones diversas. 2. Relaciones implícitas
El funcionamiento del gobierno de un
Estado y la acción de gobiernos de Estados
muy influyentes reclama constantemente la
atención del público consumidor de
informaciones transmitidas por los medios de
comunicación. Y los gobiernos, en general,
tienen una tendencia a informar sólo de
acciones que consideran que serán bien
recibidas y a ocultar otras que estiman que
serían desfavorables en el caso de ser
divulgadas.
La teoría del «cuarto poder» presume
que los medios siempre (por
representar el «interés general»), procuran
obtener toda la información sensible que los
gobiernos procuran ocultar. Al hacerlo, esta
teoría olvida que una empresa periodística
importante necesita «avances de información»
que altos oficiales de los gobiernos están
dispuestos a brindar como contrapartida de
tratamientos «simpáticos» hacia determinadas
o concretas decisiones políticas o de
gobierno. Disponer de primicias permite a
una empresa de información —en régimen de
competencia— mejorar su posición en el
mercado. De ahí que surja una cierta
connivencia, que puede ser más o menos
personal, más o menos institucional, que
altera el funcionamiento teórico del
«pluralismo informativo».
Sin hablar de apartamientos groseros,
por parte de algunos gobiernos, de las
reglas del liberalismo, persiguiendo a
publicaciones o a periodistas, con métodos
intimidatorios o presiones económicas o
políticas.
3. Acatamiento del poder (o de los poderes)
Los medios de comunicación, cuanto
más importante es la empresa que emite sus
mensajes o hace circular sus impresos, más
se revelan como acatadores de los poderes
establecidos, poderes estatales, religiosos,
económicos (nacionales e internacionales).
En relación directa a lo que tales medios
presumen que es el grado de acatamiento y de
aceptación que tienen esos poderes en sus
audiencias, su público y sobre todo sus
anunciadores.
Esto se comprueba, por ejemplo, con
mensajes y ceremonias religiosas
provenientes de la Iglesia Católica, que se
supone sigue siendo la confesión más
extendida en Europa, o con las acciones
bélicas de la OTAN en Agfanistán, o con las
posiciones y acciones de la «comunidad
internacional», expresión ambigua por su
laxitud, dado que una racionalidad
jurídico-político mínima haría pensar en
decisiones del Consejo de Seguridad o de la
Asamblea General de la ONU, pero que se
aplica a lo que deciden o acuerdan «los 7» o
a veces «los 8», sin aclararlo19.
4. Mercado de la información e información
de mercado
En el actual sistema de comunicación
de las sociedades capitalistas y con las
peculiaridades institucionales que en Europa
alcanza todavía a muchas televisiones
públicas financiadas con recursos públicos,
debe hablarse sin embargo de la existencia
de un mercado de la información, que
trae aparejadas consecuencias sobre la
información misma, que pasó a ser una
información de mercado.
Comencemos por las informaciones
internacionales. Aunque los medios escritos
dependen casi exclusivamente de las
informaciones transmitidas por las Agencias
internacionales de noticias y la televisión
cuenta con otros servicios especializados
que le proporcionan las imágenes que
necesita sobre esta materia, es evidente que
el material de las Agencias es fundamental
para la intelección y que, además, la
documentación que opera en la sociedad
mediante los impresos, condiciona la
permanencia y la expansión del interés
social por cada noticia. Esto no se
contradice con el efecto extraordinariamente
impactante de algunas noticias que aparecen
ocasionalmente por radio o televisión en
primer término y se constituyen en punto de
partida de una espiral informativa. El caso
de los aviones que se estrellaron en las
torres de Nueva York y su derrumbe puede ser
paradigmático. Pero de inmediato el recurso
a la información impresa resultó vital al
menos para importantes e influyentes
sectores de la sociedad.
Bien. Las Agencias de noticias
colectan y producen información que venden
por suscripción a sus abonados, generalmente
periódicos y otros medios de comunicación,
además de gobiernos, etc. Esas Agencias
«auscultan» a diario el resultado de su
jornada anterior. Con sus agentes en todas
las capitales e incluso otras ciudades,
recogen cotidianamente la repercusión de las
noticias que difundieron el día anterior en
los titulares de los diarios que publican
sus clientes. Y recogen todos esos
titulares, para compulsar a la vez la
eficacia relativa de las Agencias
competidoras. Ese «mercado de la
información» internacional es manejado en
principio en forma empírica. Si una noticia
persiste en el interés reflejado por esos
periódicos de los clientes abonados, el
«menu» de la jornada la mantiene. Desde
luego, si en las horas transcurridas
aparecieron otras noticias muy relevantes,
esta continuidad puede verse opacada.
La experiencia acumulada indica
siempre prioridades: un avión repleto de
viajeros que se estrelló —sobre todo si sus
pasajeros son occidentales— tendrá
prioridad. Un golpe de Estado, un nuevo
conflicto armado, igualmente. Pero
constantemente esos productos
informativos que integran el «menu» se
expanden. Y en la primera plana aparecen
ahora los premios «Oscar» (además de los
«César»), y según la fisonomía de cada
periódico podrán encontrarse campeonatos
mundiales de fútbol, el casamiento de una
figura de la realeza de algún país opulento
u otras informaciones aún menos
trascendentes para el destino de la especie.
Ese mercado (constituido por las agencias
como proveedoras y los medios como
consumidores) se remite en realidad a otro
mercado: el de los medios (como proveedores
de audiencias o de lectores) y los
anunciadores-empresarios, que compran la
posibilidad de influir sobre los eventuales
consumidores de sus productos20.
Aquí llegamos a la información de
mercado. Por mecanismos mucho más
complejos que el que se relató acerca de la
forma como las Agencias organizan las
prioridades cotidianas, a lo largo de
decenios se fue transformando el concepto
mismo de información.
¿Qué es información, hoy?
Remontémonos al momento en que no existía
aún un vespertino. Información entonces (con
un espectro mucho más reducido) era todo lo
que no se sabía 24 horas antes. Desde que
aparece el vespertino, se reduce el tiempo
de novedad de una noticia. Desde que
aparece la información radiofónica vuelve a
reducirse ese tiempo de novedad.
Paralelamente la sociedad incorporó
innumerables ítems de interés colectivo,
incrementó las posibilidades de ocio y de
consumo (cine y otros espectáculos) de donde
el concepto de noticia y la noción de
información fueron modificados por el
mercado. Nos hemos habituado a ver,
escuchar y a veces leer banalidades y
curiosidades, datos pintorescos de la
realidad o del pasado, de nuestras
sociedades o de otras muy lejanas sin más
concierto que el que surge de la emoción o
las pulsiones, dado que quienes seleccionan
y construyen las noticias,
incentivados por la competencia, suelen
apelar a ellas, antes que a la racionalidad.
Miles de periodistas contribuyen
incesantemente a esos resultados. Desde la
colecta y la redacción del despacho, hasta
la titulación y la ilustración. Desde la
selección de las imágenes o de las
secuencias hasta el relato y la ubicación de
la noticia en el informativo. Hay teoría
académica que los sostiene: se invoca a
Terencio con «nada de lo que es humano me es
ajeno» o la tesis norteamericana del «human
interest». Se enseña en las Facultades de
Periodismo. Y sobre todo, se recurre a
fundamentaciones de carácter mítico. Se
invoca un argumento de autoridad: es el
ejercicio de la libertad de prensa, o se
intenta legitimar demagógicamente: es lo que
el público pide. Conclusiones
No parece posible predecir el futuro.
No podemos saber si algún día «la
administración de las cosas» sucederá «al
gobierno de los hombres». Esto en cuanto a
la relación de poder político, que vimos
como condicionante de la comunicación y de
la información. Pero todo lo que el Estado
haga para proteger la información contra los
factores objetivos que la distorsionan (el
mercado, la publicidad y la propia acción
ilegal del Estado) tiene que ser bienvenido.
Sabemos además que este sistema
productivo que hoy funciona, con enorme
despilfarro de recursos humanos y
materiales, con producción bélica y
destrucción casi programada es el que ha
generado un sistema de comunicación social
cada día más poluante21 y
contaminante22, no sólo en sus
productos sino en sus mensajes simbólicos. Y
que la mayoría de los mensajes, por la
propia dinámica del sistema productivo,
tiende a la uniformidad, al conformismo y al
consumo, fomentando un individualismo
posesivo, como sostuvo Dallas Smythe23.
Un cambio radical del sistema de
comunicación social no parece posible sin un
cambio radical del sistema productivo. Pero
éste, a su vez, depende en gran medida de un
incremento de la racionalidad en la
convivencia humana. Entonces, toda acción
del Estado (y de los Estados) que propenda a
una mayor racionalidad del sistema de
comunicación social, puede contribuir a una
transformación de la sociedad. Toda
limitación a la actual regulación de la
comunicación por el mercado y especialmente
por el mercado publicitario, apunta en favor
de la racionalidad.
Una toma de conciencia del fenómeno
de reproducción ideológico en todos los
niveles posibles (quienes intervienen en la
producción de mensajes sin conciencia cabal
de este fenómeno, quienes toman decisiones
políticas, dirigentes sindicales, docentes
de comunicación, etc.) también debería
incidir en ese eventual proceso de creciente
racionalidad, herencia respetable de la
Ilustración que merece ser recuperada y
acrecentada.
Así como el siglo XIX vio en
Occidente la expansión de la educación
popular a cargo del Estado como servicio
público esencial, la noción de servicio
público para la comunicación social debería
recuperarse y desarrollarse, alcanzando
incluso a la prensa, que cada vez más tiende
al monopolio. ¿Por qué no puede concebirse
una prensa-servicio público, autónoma y con
pluralidad editorial?
La superficialidad, la
simplificación, el sensacionalismo y el
cultivo de la emotividad y de la
irracionalidad que se observa en aumento en
los medios actuales, conspiran contra la
propia convivencia democrática.
La salud de esa convivencia tendría
que ser defendida por el propio sistema
político para mantener coherencia con sus
fundamentos teóricos.
NOTAS
1
Al menos desde que se acuñó el
término marxismo-leninismo —por 1927— se
hizo evidente la finalidad de
aprovechamiento político que tenía la rígida
canonización del pensamiento marxista.
2
El caso de China, donde hay
publicidad en la televisión desde hace
varios decenios, plantea una interrogante
que escapa a mis conocimientos: esa
publicidad (naturalmente de empresas del
Estado) ¿preanunciaban las formas actuales
de capitalismo en ese país o simplemente
producían prestigio?
3
De arte praedicandi, citado por Enciclopedia Espasa.
4
Carlos MARX y Federico ENGELS, La
ideología alemana. Buenos Aires:
Pueblos Unidos y editorial Cartago, 1985; C.
MARX, Introducción a la Crítica de la
Economía política; F. ENGELS, Carta a
K. Schmidt de 27-X-1890.
5
The End of Ideology. Free Press, Glencoe, Ill., 1960, [El fin de
las ideologías].
Madrid: Ministerio de
Trabajo y Seguridad Social. Centro de
publicaciones, 1992.
6
Destut DE TRACY, Projet d’Elements
d’Idéologie.
Paris: 1801.
7
Vocabulario técnico y crítico de la
filosofía. Buenos Aires: El
Ateneo, 1953.
8
Luis ALTHUSSER, Ideología y
Aparatos ideológicos de Estado.
Caracas: Editorial Movimiento, 1973.
9
P.
BOURDIEU y J. PASSERON, La réproduction.
Paris: Minuit, 1970.
10
Ferruccio ROSSI LANDI, Ideología.
Barcelona: Labor, 1980.
11
N. ABRERCOMBIE, et alt.,
Diccionario de sociología. Madrid:
Cátedra, 1992.
12
Terry EAGLETON, Ideología.
Barcelona: Paidós, 1997.
13
Kurt LENK, El concepto de
ideología. Buenos Aires: Amorrortu,
1982; Göran THERBORN, La ideología del
poder y el poder de la ideología.
Madrid: Siglo XXI, 1989; Teun A. VAN DIJK,
Ideología, una aproximación
multidisciplinaria.
Barcelona:
Gedisa, 1999; François BRUNE, De
l’idéologie, aujourd’hui. Paris:
Parangon, 2003.
14
Bad News.
London: Writers and Readers Publishing
Cooperative Society, Ltd. 1982.
15
«La política del significado», en The
rediscovery of «ideology»: return of the
repressed in media studies, in Culture,
Society and the Media, by M. GUREVITCH, J.
C. BENNETT y J. WOOLLACOTT (eds.).
London:
Routledge, 1995.
16
Gilles LIPOVETZKY, «La pub sort ses
griffes. Publicado en Le Débat.
Paris: Gallimard, n.º 43, janv.-fév. 1987,
p. 126, reproducido por La Documentation
Française, Publicité et Société,
16-x-1987.
17
A. ADORNO y M. HORKHEIMER,
Dialéctica del Iluminismo. Buenos Aires:
Sudamericana, 1969; Roland BARTHES,
Mitologías. México: Siglo XXI, 1980;
Herbert MARCUSSE, El hombre
unidimensional. Barcelona: Editorial
Ariel S.A., 1981; Vance PACKARD, Las
formas ocultas de la propaganda.
Buenos Aires: Sudamericana, 1959; Armand MATTELART,
La Internationale publicitaire. Paris:
La Découverte, 1989; Sut JHALLY, The
Codes of Advertising. London: Frances
Printer, 1987; W. LEISS et al.,
Social Communication in Advertising.
London: Routledge, 1997; Jean
BAUDRILLARD, Pour une critique de la
économie politique du signe.Paris: NRF,
1972; David RIESMAN, La muchedumbre
solitaria.
Barcelona: Paidós, 1981.
18
R. FARAONE, Libertad de prensa y
derecho a la información,
particularmente: Apéndice
V-Jurisprudencia de EE.UU. Pronunciamientos
relevantes de la Suprema Corte de Justicia
de EE.UU., relativos a libertad de prensa y
derecho a la información. Montevideo:
FCU-Facultad de Derecho, 2004.
19
La «objetividad» de los medios los
induce a emplear el lenguaje del poder, sin
análisis. El 27 de julio de 2006, el
presidente de Francia, Jacques Chirac, fue
entrevistado por el periódico Le Monde
durante la invasión del Líbano por
Israel y declaró: …Agrego que esas
propuestas [de solución ] no fueron hechas
por los «Tres» (Alemania, Francia y
Gran Bretaña] a Irán . Los norteamericanos,
los rusos y los chinos se asociaron a
ella. Es por lo tanto la comunidad
internacional en su conjunto. Nosotros hemos
indicado que si no había acuerdo, era
necesario ir al Consejo de Seguridad y
considerar fórmulas más exigentes,
incluso con sanciones. No quedó duda de
que, para le presidente francés, la
«comunidad internacional» son los Estados
más poderosos. Y con ese sentido sigue
siendo empleada esta expresión por la
mayoría de los medios.
20
Humphreys MCQUEEN, Australia’s Media
Monopolies. Victoria: Camberwell, 1977,
citado por Dallas SMYTHE, Dependency Road.
Norwood: Ablex, (N.J.), 1982, p. 14.
21
Materialmente hay toneladas de pulpa
de papel desperdiciada en publicidad o
banalidades y hay centenares de canales de
televisión reiterativos: eso puede ser
llamado polución física. Simbólicamente se
difunden muchísimos mensajes sensacionales e
irracionales que pueden ser llamados
polución intelectual. Y el concepto de
contaminación es aplicable a la falsedad, la
manipulación o los silencios informativos.
22
El concepto de contaminación puede
ser aplicable a los casos de falsedad,
manipulación o a los silencios informativos.
23
Smythe DALLAS, «Mass Communication,
Blindspot of Western Marxism», Canadian
Journal of Political and Social Science,
vol.
I, n.º 3, 1977.
|